Los dientes eran el piano, de Hugo Hiriart
El libro Los dientes eran el piano. Un estudio sobre arte e imaginación, de Hugo Hiriart, es uno de los más accesibles y hermosos ensayos sobre temas de estética.
Con lujo de curiosidad (atributo susceptible de ser pulido a grado de virtud), el escritor mexicano nos lleva de la mano por sus propias obsesiones en torno al campo examinado.
¿Cuáles son las experiencias estéticas relacionadas con lo artÃstico?, ¿qué es el arte?, ¿cuáles son sus problemas?, ¿cómo se hace y qué leyes rigen este hacer? El texto nos atrapa porque desde un primer momento declara sin tapujos las mismas interrogantes que acosan por igual a legos y entendidos.
No conforme con empaparnos de preguntas inquietantes y hablarnos todo el tiempo de tú (en el entendido de que sus lectores lo vamos siguiendo pacientemente), Hugo –para seguir con el tuteo– va decididamente en busca de respuestas, y de este afán temerario, sale bien librado porque sabe sentir y sabe imaginar y es capaz de convencernos, al predicar con el ejemplo, de que la sensibilidad y la imaginación son facultades que, como la curiosidad, se pueden fortalecer, refinar y aplicar, en afortunado casamiento con la inteligencia, para estar ante el arte, ya sea como testigo (posición en la que ya se es un creador indirecto de la obra atestiguada) o como el hacedor.
Sesenta y tres breves ensayos y un prólogo conforman Los dientes eran el piano, libro recientemente reeditado. Cuatro partes lo dividen: una trata sobre variedades de la experiencia estética (“algo que se educa, que se configura, a partir de la reiteraciónâ€), otra sobre la imaginación (“La loca de la casa, como la llamó santa Teresaâ€), una más borda sobre la resolución de posibles problemas, y la última “es una especie de cosecha de las reflexiones contenidas en el libroâ€.
Con pretendida ingenuidad, Hiriart, quien escribe ensayos que se leen como cuentos, textos teatrales que son novelas de caballerÃa o fábulas de tÃteres y pinturas que cifran las ambiciones de un pintor anómalo, dicta cátedra sobre la condición y problemáticas de los entuertos estéticos que dan origen a la esfera del arte. Su método es sencillo, claro, seductor, original y coherente, justo como él nos dice que debe ser la obra de arte que vive con fortuna en cualquier tiempo.
Hugo Hiriart no es un escritor para escritores; su transparencia verbal, salpimentada con sagacidad, apabulla a los tecnócratas del idioma y esta diferenciación está marcada por un ritmo intelectual: mientras que numerosos redactores intentan vanamente esculpir páginas para la posteridad, nuestro hombre discurre una idea genial, usualmente asombrosa, la refuta o explica y a continuación procede a transformarla mediante opciones que parecerÃan inverosÃmiles. Este don, que seguramente poseyeron otros campeones de la persuasión, como Maquiavelo o Sócrates, hace que el tono didáctico de Los dientes eran el piano (frase acuñada por el poeta cubano José Lezama Lima) se encuentre gratamente matizado por lecciones de asombro que se apoyan en imágenes memorables: un griego de la llamada “época clásica†que bebe cerveza con popote, el amor de GarcÃa Lorca por DalÃ, Casanova hurgado en la basura, Edipo con sombrero, los trece minutos de diferencia que hay entre dos famosos registros de Las variaciones Goldberg, de Bach, ejecutados por un mismo intérprete, Glenn Gould.
Si hay algo que aprender en este libro, amén de tópicos constitutivos del fenómeno artÃstico, es que es posible que un ensayista disfrute su trabajo y lo realice con pasión, sin demérito de la cuota de sabidurÃa que el género demanda. Se trata de un trabajo bien hecho, que brinda diversión, placer y conocimiento; por eso hay que leerlo [Hugo Hiriart, Los dientes eran el piano. Un estudio sobre arte e imaginación, México, Tusquets, 1999].
| Para saber más sobre Hugo Hiriart |
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Hugo Hiriart cumplirá este 2010 sesenta y ocho años de edad. Nació en una ciudad de México de claridad hoy inconcebible. Le gustaba tomar; desde hace tiempo no lo hace. Le gusta pintar; lo que sigue haciendo con fruición. A su actividad como escritor, ubicada en la reseña de marras, hay que agregar que también es guionista de cine y articulista en varias publicaciones periódicas. A juzgar por su itinerario de vida, le encanta viajar. Y tiene una gran vocación por la escritura: ensayos, novelas, cuentos, literatura infantil y juvenil, obras de teatro. Su novela Galaor ganó el Premio Xavier Villaurrutia de 1972. Otros tÃtulos de su vasta obra: Cuadernos de Gofa, La destrucción de todas las cosas, Vivir y beber, Disertación sobre las telarañas. |
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