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La madriguera, de Franz Kafka

Rosa Durán

La madriguera En un ensayo de Otras inquisiciones, Borges se refiere a los precursores de Kafka y recuerda la paradoja contra el movimiento, de Zenón de Elea, donde Aquiles, en su imposible intento por llegar a la meta, se convierte en el primer personaje kafkiano. Borges, genialmente, iguala esta paradoja con el argumento esencial de El castillo. En este relato, K. jamás puede acceder al verdadero jefe del castillo, pues siempre hay instancias que se anteponen. Ésta es, también, la estructura de algunas pesadillas. Algo de ella asoma en La madriguera, donde hay una construcción laberíntica que nunca se da por terminada; los peligros que acechan son numerosos, pero indefinidos, y no acaban de llegar. Por más que el protagonista utilice su ingenio y elabore previsiones, sospecha la derrota. Como lectores, no dudamos de la catástrofe y, aunque en el relato nunca se materializa, la sentimos inminente.

El narrador protagonista de esta curiosa historia permanece indeterminado. Podría ser un animal. Por sus habilidades y capacidad de vivir bajo tierra, seguramente lo es, aunque, como todos los personajes animales de Kafka, tiene carácter humano. La mayoría de los críticos ha establecido que es un topo. Sobra decir que Kafka no se pronunció al respecto.

Este animal tiene una tarea muy concreta, a la cual dedicará toda su vida: construir su madriguera, de forma tal que sirva para almacenar provisiones y defenderlo de los ataques de posibles enemigos. Esa empresa es su razón de ser. Es decir, dedica toda su vida a la elaboración de un refugio para proteger su vida.

La madriguera se percibe como un vientre materno y el mayor placer del protagonista es acurrucarse en él como un feto. Pero es un vientre poroso, expuesto a las amenazas exteriores. Además, se ha convertido en una construcción laberíntica, casi imposible de controlar, de extensas galerías y varias plazas comunicadas con una plaza central. Las preocupaciones que pueden manar de este planteamiento son infinitas y su expresión constituye el relato: “Todos estos son cálculos verdaderamente fatigosos, y la autosatisfacción de la mente perspicaz es a veces la única razón para seguir calculandoâ€.

En este relato inconcluso, tampoco hay un principio propiamente, pues comienza cuando la madriguera ya ha sido construida. No hay desarrollo; el tiempo gira alrededor de sí mismo, y la acción es mínima: casi se reduce a salir o entrar de la madriguera y a un silbido permanente que se escucha en las últimas páginas. Lo que sucede sucede en la mente y en las elucubraciones paranoicas del narrador. Esos “cálculos verdaderamente fatigosos†forman la sustancia de esta obra maravillosa, perfecta en su expresión.

Pero para valorar el impacto de leer a Kafka, importa considerar que su estrategia no consiste nunca en el deslumbramiento de las hermosas palabras o conceptos. Kafka escribe desde el despojo, desde la nada, desde la desprotección. Escribe, no para exhibirse, sino para comprender. Sus protagonistas desgranan sus preocupaciones sin pudor, sin control, deleitándose en ello. El análisis de estas preocupaciones constituye el texto.

La madriguera es uno de esos textos de Kafka que, contrariando a Deleuze y Guattari, fácilmente podría ser leído como alegoría. Probablemente sea el último relato que escribió. La crítica biográfica lo relaciona con una época de penurias económicas y con la tuberculosis que lo llevó a la muerte…. Lo cierto es que la historia se lee, independientemente de sucesos biográficos o proyecciones psicoanalíticas, con una fluidez e intensidad tan logradas, que el placer que produce supera los deseos de interpretarla.

La Compañía, una editorial argentina, se ha encargado de publicar este inquietante texto con el título de La madriguera, aunque en otras traducciones de otras editoriales, el relato se llama La construcción o La obra. Aquí, la introducción y el posfacio ayudan a comprender la obra y el lugar que ocupa Kafka en la literatura occidental. [Franz Kafka, La madriguera (trad. y posfacio Ariel Magnus; introd. Martín Kohan), Buenos Aires,: La Compañía, 2009].


Para saber más sobre Franz Kafka

Franz Kafka (1883-1924) es ya, sin dudas, un clásico, uno de los escritores más representativos del siglo XX. Nació en Praga en el ámbito de una familia judía poco ortodoxa. Su lengua materna fue el checo, aunque también aprendió alemán desde niño, lengua en la que decidió escribir. A partir de los 23 años, titulado Doctor en Derecho, trabajó para varias compañías de seguros. El idioma analítico y pormenorizado que utilizaba para sus informes se refleja en su literatura. Escribía por las tardes y noches, casi todos los días, de forma obsesiva. Los días que no lo hacía, se impacientaba. En vida publicó su famosa novela La metamorfosis (1915) y varios relatos. Fue, gracias a la famosa desobediencia de su amigo Max Brod –a quien había pedido que destruyera su obra–, que conocemos sus tres grandes novelas: El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1931). La madriguera probablemente sea la última narración que escribió. Carta al padre (1919), los Diarios, Cartas a Felice y Cartas a Milena constituyen obras en las que se nos revela su fascinante personalidad. Murió de tuberculosis en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena.


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