Las políticas sobre los nuevos medios o por qué necesitamos un libre acceso hoy
Gary Hall
La eficacia y rapidez de los procesos técnicos requeridos para digitalizar un libro, así como la facilidad de distribución del archivo digitalizado han puesto a temblar a la industria de las letras impresas, apunta el teórico inglés Gary Hall. La seguridad de que el uso del papel como soporte básico de los productos del mercado editorial no habría de cesar ha menguado: los hechos demuestran que las ventajas de editar electrónicamente son cada vez más utilizadas, amén de ser velozmente optimizadas, y que diversas comunidades de lectores, todas en crecimiento, tienden a emplear y a conocer las estructuras operativas correspondientes.
Leemos con mayor frecuencia en las pantallas de las computadoras y mayoritariamente redactamos los discursos que constituyen nuestra vida –desde una carta de amor a una demanda legal– en teclados electrónicos. Las consecuencias comerciales de este fenómeno están a la vista (hay una reformulación de los procesos y procedimientos que constituyen el mercado editorial), pero también lo están los efectos benéficos que esta revolución tecnológica puede provocar en el ámbito del conocimiento.
En este sentido, Gary Hall, experto en los matrimonios entre las nuevas tecnologías de los medios masivos de comunicación y los estudios culturales, propone que los soportes digitales del libro son capaces de transformar radicalmente los paradigmas de la institución educativa. En su reciente libro, Digitize this book! (‘¡Digitaliza este libro!’, un título en homenaje a Roba este libro, el famoso texto contracultural de Abbie Hoffman), parte de la consideración de que dichos avances tecnológicos son potenciales vías de democratización de los ámbitos académicos.
La universidad posible
Una afirmación sostiene el título de la introducción de ¡Digitaliza este libro!: “Es posible otra Universidad”. Se pregunta Hall, “¿Qué tipo de Universidad es deseable, incluso posible, en la era de la reproducción digital: discos compactos, videos digitales, teléfonos celulares, computadoras, laptops, impresoras, Internet, correos electrónicos, mensajes de texto e imagen, libros digitales, códigos abiertos y software gratuitos, blogs, Google, archivos MP3, BitTorrent y Podcast; Bluetooth, Wikipedia, My Space, Facebook, Flickr, YouTube, Second Life, Kindle y demás?
»Si estamos en desacuerdo con las formas en que la economía capitalista del libre mercado transforma progresivamente la educación superior en una extensión de la esfera de negocios, y al mismo tiempo rehusamos regresar al formato paternalista y ciertamente clasista que anteriormente dominaba el concepto de la Universidad en términos de una dimensión consagrada a la capacitación de una élite cultural y a la reproducción de un esquema cultural nacionalista, con todas las jerarquías y exclusiones propias de las diferencias de clase social, género, procedencia étnica, que esto implica, entonces el problema que enfrentamos radica en la pregunta ¿cómo queremos que sea la Universidad? Por otra parte, ¿cómo es posible defender actualmente el concepto de Universidad sin apelar a dichos modelos?
»Se trata de una cuestión extremadamente importante –sostiene el autor–, particularmente cuando priva una incapacidad general para articular a futuro visiones alternativas (…). La mayor parte de los académicos e instituciones demuestran contar con pocas opciones para resistir y encauzar las inevitables transformaciones tecnológicas (además de decir no de vez en cuando)”.
Sin embargo, los políticos estadunidenses, a diferencia de los anquilosados académicos, podrían tomar la iniciativa de aprovechar los bajos costos de producción en el punto a debate, y así estimular la incorporación de los libros digitales como herramienta didáctica en los programas oficiales de estudio. A un año del lanzamiento de ¡Digitaliza este libro!, Arnold Schwarzenegger, más célebre aún por su historial fílmico que por su desempeño administrativo como gobernador de California, anunció un plan para sustituir masivamente los libros de texto escolares por su equivalente en formato digital, lo que, estimó, significaría un ahorro de entre 300 y 400 millones de dólares para la región a su cargo.
“Los nuevos medios de comunicación –dice Hall en este sentido– juegan un papel central en lo que ha sido llamado economía del conocimiento, coadyuvando a transformar los moldes tradicionales de producción, distribución y consumo y generando nuevos objetos, firmas, relaciones y mercados basados en los vínculos tecnológicos entre comunicación, saber e información. Las universidades y académicos están llamados a asignarse un lugar importante en esta visión de la sociedad, por medio de la producción económicamente útil de conocimiento e investigación que puedan, ambos, ser aprovechados comercialmente en los campos de los negocios y la industria, así como para la capacitación, constantemente creativa, de una fuerza de trabajo conformada por trabajadores del conocimiento altamente calificados”.
Acceso abierto
Hall observa que los sistemas de enseñanza superior que prevalecen a escala mundial experimentan un crecimiento cuantitativo en sus comunidades de estudiantes, el cual se encuentra acompañado por una merma en el número de libros que las librerías institucionales son capaces de proveer a los alumnos. “Fuertes reducciones en los fondos públicos destinados al sector universitario, aunadas a una alta concentración de publicaciones académicas cooptadas por compañías transnacionales se han combinado para crear una situación de crisis en la que las bibliotecas no pueden darse el lujo de renovar sus inventarios y los estudiantes son incapaces de adquirir las novedades que apuntalarían su actualización académica. La respuesta de muchos editores del ramo académico ha sido reducir de forma drástica sus catálogos, para concentrarse en atender las necesidades básicas de sus lectores, las cuales están apegadas a los puntos ineludibles o introductorios de los programas de estudio. La consecuencia principal de esta situación consiste en que los textos académicos que se llegan a publicar son meras repeticiones de ideas anquilosadas, restringiéndose de tal modo la aparición de investigaciones intelectualmente ambiciosas y con gran potencial de cambio, pero que implican una línea de pensamiento que se encuentra fuera de los carriles ortodoxos del comercio”.
En dicho orden de ideas, Hall considera que este escenario crítico en poco sería susceptible de ser modificado por el proyecto de digitalización masiva de libros anunciado por la compañía global Google a finales de 2004, el cual consiste en pasar a formato digital los acervos bibliográficos de las principales universidades de Estados Unidos y algunas de importancia en Europa, como el de la Universidad Complutense de Madrid, pues la viabilidad del proyecto está condicionada a que los textos a escanear se encuentran publicados, o se publiquen primeramente, en papel, por lo cual el problema de costos relacionados con la forma tradicional de impresión continuaría vigente.
Un camino posible a la “democratización del conocimiento por la vía tecnológica”, de acuerdo con ¡Digitaliza este libro!, es la conformación, en ámbitos académicos, de archivos de acceso abierto articulados por investigadores, intelectuales, maestros y sociedades de alumnos. “Esta clase archivos proporcionan a los académicos la seguridad de que su investigación tenga difusión de inmediato, de que cualquiera tenga posibilidad de acceder a ella, independientemente de las condiciones del mercado editorial o de la finanzas de la institución educativa. Se trata de un modo plural de impulsar un paradigma alternativo para el intercambio de conocimiento, que, además de su bajo costo, provoca que las decisiones acerca de la publicación y distribución de las investigaciones no estén supeditadas al potencial económico del discurso (su viabilidad de vender muchas copias, para recuperar la inversión original), sino por criterios de auténtico valor y calidad intelectual”.
“Las vertientes de la digitalización –especialmente la posibilidad de convertir toda la literatura de investigación en archivos de acceso abierto y por lo tanto disponible a muy bajo costo para investigadores, profesores, estudiantes y público en general, a escala global– han sido objeto de acalorados debates en los círculos científicos, técnicos y médicos. Hay quienes piensan que el acceso abierto brinda a quienes pagan impuestos la seguridad de que su contribución no cubrirá dos veces (una por la realización de una investigación, otra por el costo de adquirir la publicación de la misma) lo que vale realizar y divulgar una investigación. Existe otro sector que se muestra preocupado acerca de cómo mantener modelos de negocio en el ámbito del libre acceso. También se encuentran quienes tienen dudas acerca de cómo preservar los cánones de calidad en el paso de las ediciones realizadas en papel a los soportes de edición digital. Pero no faltan quienes, además de declararse a favor de la digitalización de revistas, bitácoras, libros y bases de datos, demandan que la tecnología aplicada a los procesos de digitalización y lectura de lo digitalizado (software y pantallas) también debe ser democratizado con igual entusiasmo y nivel de accesibilidad”.
De esta forma, es notorio que el acceso abierto o libre “no sólo porta consecuencias para los académicos y la academia, sino que es fuente de múltiples beneficios potenciales para el público y, por tanto, para el fortalecimiento verdadero de las sociedades democráticas (…). En resumen, habrá que asumir que el intercambio libre y justo del conocimiento, dentro y fuera de la academia, será tan amplio y cambiante como la cantidad de acervos de espacio abierto podamos conseguir”.
Después de esta encendida toma de posición, Gary Hall se dedica a argumentar su tesis en dos capítulos –“Internéticas” e “Hiperpolíticas”–, cada uno con diversos apartados (llamados Metadatos). De la mano del pensamiento de Jacques Derrida –el análisis deconstructivo del pensamiento y del discurso– reflexiona acerca de las implicaciones éticas, políticas, administrativas y cotidianas de la digitalización masiva del saber. El considerar que este creciente fenómeno tecnológico habrá de ser imparable y ubicuo lo lleva una y otra vez a insistir en la invitación de cobijar la nueva estructura de los medios de comunicación y conocimiento con un espíritu crítico. [Gary Hall, ¡Digitaliza este libro! Las políticas de los nuevos medios o por qué necesitamos acceso abierto ahora, Colección Electronic mediations, núm. 24, Universidad de Minnesota, 2008].
(Selección, traducción y síntesis: Gustavo Emilio Rosales)
| Para saber más sobre Gary Hall |
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Teórico de los estudios culturales, Gary Hall tiene una especialización en los usos tecnológicos de los medios y en la filosofía de la educación. Gary Hall es también profesor de artes escénicas de la Universidad Coventry, en el Reino Unido. Asimismo ha escrito La cultura en bits (Continuum, 2002) y es coeditor de Nuevos estudios culturales: aventuras teóricas (Edinburgh UP, 2006) y Experimentando: ensayos con Samuel Weber (Fordham UP, 2007). Es también fundador y coeditor de la revista de acceso abierto La máquina cultural (www.culturemachine.net) y director del Archivo abierto de estudios culturales (http://scm-rime.tees.ac.uk/VLE/DOMAIN/CSeArch/TABS/Search.asp). En 2010 trabaja como investigador huésped del Centro para la Investigación en Artes, Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Cambridge. |

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