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Jonás

Analía Melgar

Lo anhelaba tanto… Había mirado tu boca miles de veces, cientos de días. Cada orden que me dabas en la oficina, entonces yo miraba tus labios pegajosos y me imaginaba tu mundo hecho a medida de ese pedazo de carne roja y prometedora. Yo salía entonces de mis obligaciones de vendedor-casado con dos hijos-departamento de dos habitaciones-vacaciones pagas-domingos de plaza y bicicleta… Hablabas y tu boca se movía: gran emisora de movimientos. Oleajes color carmín. Boca, boca, mucha boca roja.

Bueno, no, no era roja. Tu boca era rosa. Rosa perla, perla de rosa. El rouge rosa sobre tu boca ¿rosa? Los pétalos de pasta jugosa, pasta color rosado, rosa mexicano, que no es rosa viejo, ni fucsia ni morado ni rojo. Labios del color que no son, los labios del amor, labios de la fantasía detrás del monitor… No sabía de qué color era tu boca.

No lo sabía, hasta hace un rato.

Y mientras hablabas y movías tu boca –“papeles, contabilidad… cliente de acá y más allá–, yo pensaba en cómo sería tu casa, una casa a la medida de tu boca no roja, boca de cerámica fresca, rosa. Pensaba en el interior de tus cajones, de los estantes, con las camisetas a un lado y las trusas o fondos, o corset o cómo se llamen, en el otro, con cajitas de jabón vacías escondidas entre los sweaters. Seguro que si te preguntaba, seguro me confesarías que ese modo romántico de perfumar, lo habías heredado de tu abuela, gran coleccionista de jabones regalados a lo largo de décadas…

Y mientras me contabas de los jabones viejos de tu abuela vieja, yo ya me sumergía en tus alacenas. Entraba… entraba a través de tu boca, tu boca brillante como piel de pescado. Y allí había platitos apilados de mayor a menor, y copas y tazas…

Me perturbaba la angustia de quizás no llegar a saber nunca el color de boca ni cómo sonaría de cerca el ritmo de tu respiración. Corín, corín, colorín… Terneza trillada –Tellado–. Y más viaje a través de los canales de tu garganta y la tierra suavemente desgranada en las macetas con helechos en tu ventana. Sarah Kay del siglo XXI, reina de mis imposibilidades. Todo mi deseo era la casa de tus dientes… y tus dientes y tu lengua y tu saliva y el aire como bocanada y marejadas que empujan a la casa de tus dientes… y tus dientes y tu lengua y…

Todo el deseo, todo el escarlata, carmesí, púrpura, bermellón…

Todo… hasta hace un rato.

Hasta hace un rato en que renuncié a la certeza de ser tu empleado y me lancé a la aventura de besarte. Beso torpe, sí, atolondrado, desesperado. Beso de adolescente tardío. Inmersión en las profundidades de las barbas de tu boca de imponente ballena, animal mujer todo boca…

Boca grana.
Boca rubí…

Boca diluida.

Boca descolorida.

Boca lápiz labial.
Boca rouge.
Boca perfumería barata.
Boca imitación Lancôme.
Boca cera.
labiosBoca aceite.
Boca pigmento.
Boca cosmética.
Boca mentira.

La verdad (es que) no me gustó.


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