Anacleto: historia de un cuchillo

Alan Israel Pérez Torres*
¡Hola! Soy un cuchillo y mi nombre es Anacleto. Les contaré una historia asombrosa que me pasó.
Un día estaba en mi cajón de la cocina platicando tranquilamente con otros cuchillos, cuando escuchamos a la señora Flores decirle a su esposo que quería cambiar los viejos cubiertos que tenía por unos nuevos muy bonitos que había visto en una tienda.
Escuchar esto me hizo sentir triste y preocupado al mismo tiempo. Había estado viviendo en esta casa durante diez largos años. Durante esos años estuve presente y me usaron para un sinfín de eventos, en banquetes, cumpleaños, días de fiesta y en muchas navidades: toda una vida de servicio. ¡Me sentía parte de la familia!
Recordé los momentos tan especiales que pasé aquí, como cuando corté mi primer filete –era tierno y jugoso–, o cuando tuve el privilegio de cortar el pavo en Navidad o también cuando me eligieron para partir el pastel de cumpleaños del hijo de la señora Flores. ¡Qué tiempos aquellos!
Me sentía muy triste, pero no quería llorar; debía ser fuerte. ¡Los cuchillos no lloran!, me repetía. Pero al final no pude evitarlo: esa mañana corté una ensalada de cebollas y se me salieron las lágrimas.
Volviendo a la cruel realidad, convocamos todos los cubiertos a una reunión de emergencia para saber qué haríamos ante esta grave situación. Elaboramos un plan y decidimos fugarnos con la señora Gutiérrez, una bondadosa viejecita que vivía en la casa de al lado: preferíamos irnos antes de que se deshicieran de nosotros y nos tiraran a la basura.
Teníamos todo preparado: el tenedor sería el encargado de conseguir la cuerda para bajar por la ventana, la cuchara abriría la ventana, y yo sujetaría la cuerda para que todos bajaran. ¡Era un gran plan!
El día transcurrió lentamente. Esperábamos nerviosos que llegara la noche. Cuando por fin obscureció, iniciamos nuestra huida. Salimos del cajón y nos deslizamos silenciosamente por la cocina. Teníamos que pasar por la sala para llegar a la ventana, cuando de pronto escuchamos voces. ¡Nos escondimos rápidamente!
Era la señora Flores que platicaba con su hija. Le decía que esa noche vendría a cenar su abuelita y eso le recordó que fue ella, la abuelita, quien le había regalado los cubiertos que tenían y que por esa razón había decidido no tirar los viejos cubiertos y conservarlos, porque eran un recuerdo de familia.
Al escuchar esto, todos brincamos de alegría y casi gritamos de felicidad. Regresamos lo más pronto que pudimos a nuestro cajón, ¡para estar listos para la cena!
Ésta es la historia de mi vida, la vida de un cuchillo que hoy vive muy feliz y contento en su cajón.
***
*Alan Israel Pérez Torres tiene 11 años, es alumno del Colegio Ana Pavlova, en la Ciudad de México, y es miembro de la Legión de las Hormigas. La legión de las Hormigas es un colectivo cultural que se dedica a crear la afición por la lectura de literatura y gusto por utilizar la palabra escrita como medio de comunicación. Lo conforman maestros, alumnos y padres de familia interesados en el tema, y está dirigido por el maestro Juan Sánchez.
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Muchas felicidades, el cuento además de tener una narrativa extraordinaria, maneja los valores de lealtad y cariño que deben existir en todas las familias del mundo. Vas a ser un gran escritor, sigue adelante y alcanza tus sueños.
Mira Alan te comento realmente me impacto el cuento por los bien escrito y estructurado que esta, y para la edad que tienes es fantástico sigue adelante un gran futuro te espera, saludos desde Quintana Roo
Alan Israel Pérez torres, un millón de felicitaciones desde Sincelejo, sucre, Colombia, te envía un docente de ciencias sociales y filosofía, de la institución educativa nueva esperanza, ya que, quede muy impresionado con la facilidad con que manejas el castellano, por lo que pienso que tienes mucho que aportar a las letras mexicanas y latinoamericanas y con tu buen ejemplo, motivas a niños, jóvenes y adultos de todo el mundo para que experimentemos la maravilla de sentarse a leer un libro o cualquier escrito, y mas aun, ponerse a escribir con tanta solvencia como lo haces tu, por que, escribir no es fácil, y menos fácil, hacerlo bien, con coherencia y cohesión, requisitos indispensables para expresar las ideas claramente, haciendo esto, únicamente las personas que han quemado las primeras etapas y tienen todo un entrenamiento, que les permite abordar los temas con suficiencia y pertinencia, para lo cual, creo que ha sido decisiva la participación de Alan Israel en el colectivo cultural la legión de las hormigas, ya que esto grupos y espacios contribuyen decisivamente con la formación de sus miembros, y, también destacar la labor del maestro Juan Sánchez, que con sus orientaciones, va forjando y fortaleciendo las potencialidades de todos los integrantes…loas para todos, y recuerden, al final de las jornadas, están las recompensas…viva México lindo y querido…mi ilusión, conocer la plaza Garibaldi…
Que importante es que los niños aprendan a expresar sus ideas, y como prueba de ello debe ser este cuento que me parecio muy entretenido y simpatico con un gran valor humano, sigue adelante quiza algun dia llegues a ser un gran escritor lo mas importante es ser paciente y constante. Has hecho algun otra publicación?
Es una historia de mucha imaginación, divertida e interesante ¡Felicidades! Crear una historia, con algo tan común, que la gran mayoría de las personas no ven, es sinónimo de que tienes una capacidad bastante desarrollada para observar y comunicar las cosas, virtud que invita a reflexionar sobre nuestras acciones. Sigue compartiéndonos tus historias.
Me gusta la revista Justita, ya que la historieta que leí de Anacleto el cuchillo me encantó y se lo leí a mi sobrino Brandon que tiene 6 años y a él también le encantó. Aparte, el cuento te enseña muchos valores y a apreciar los regalos que se te hacen y quién te los da. También me encantó porque es una forma de que los niños convivan con sus padres, abuelos, tíos amigos, etc. Además es una lectura fácil de comprender por un pequeño y las historietas no son amarillistas y con notas rojas.
A mí me pareció un cuento muy lindo y el mensaje que te deja es fantástico: que no importa el tiempo que haya pasado; siempre seremos útiles mientras tengamos ganas de salir adelante. Sobre todo, que los niños piense de esa manera hoy en día es un gran logro. Felicidades al alumno y a los que forman parte de este proyecto.
A mí me pareció pues muy tierno. Esto me enseña que hay que apreciar lo que tenemos, seamos ricos o pobres o normales. Yo aprecio lo que tengo, lo que me da mi mamá María Gudalupe Garnica. Es hora de que valoremos las cosas.
¡Felicidades! eres un niño con gran futuro, estoy muy orgullosa de tu trabajo
Me pareció un cuento muy interesante. Alan, tienes mucha creatividad e imaginación. Sigue así: llegarás muy lejos.
Hola y muchas felicidades. La historia me pareció muy bien, y cómo se asemeja a la historia que vivimos muchos en nuestros empleos. Sigue escribiendo historias así de padres. Gracias.
Qué interesante es leer algo tan familiar y cotidiano. Nosotros, los adultos, con el paso del tiempo, perdemos esa chispa natural que los niños poseen. Me hiciste recordar aquellos grandes momentos de mi infancia. En hora buena: hay que seguir escribiendo.