Antología de lo perdido
Federico Vite

Negras intenciones, publicado por la editorial Jus en este año, es una antología coordinada por el narrador Rodolfo J.M., quien se propuso indagar los vericuetos del mal en un libro que reúne voces, la mayoría de ellas, con residencia en el DF. Así que estas quince voces cantan la violencia, la muerte; sí, lo negro.
Es amable descubrir un libro en el que se da cuenta de la mitología de la ciudad que uno habita, en la que uno creció y perdió la ingenuidad. En Negras intenciones volví a ver con el corazón el rostro de Acapulco. Sin proponérselo, Rodolfo J.M., creó una antología o un muestrario —idea que más define la reunión de textos con fines estéticos— del cuento negro en el que Acapulco se aparece, aunque como foto en sepia, con sus fantasmas heroicos.
El puerto sirve de escenario para crímenes y tragedias sublimes: caos, aunque no tan obsceno como el actual.
Decía que me sorprenden varios narradores; por ejemplo, voces como la de Omar Avilés; tonos narrativos como los de Benito Taibo y, esencialmente, el cuento de Paul Medrano, ese tamaulipeco vecino, quien más se aproxima al discurso sociológico del presente en Guerrero.
Les cuento que Medrano propone un texto en el que nos hace ver lo que ya hemos padecido, aquí, junto al Pacífico: no hay razones para morir dignamente, pero las buscamos. Estamos en medio de una batalla que sólo puede reconstruirse con un código de ética en este amable subgénero.
En estas quince voces, como lo apunta el buen J.M., el odio es un estilo de vida, una querella que en Negras intenciones se concreta, en la mayoría de los textos, con la voluntad estética de un corpus literario, quizá la única respuesta que un escritor pueda darle al narcotráfico sea justamente contar bien historias.
Pero les digo que encuentro en el discurso sociológico de este libro un retrato del mal, un abismo que denota cierta condición de la humanidad y el lector no saldrá decepcionado de esta empresa.
Aunque nombrar lo designal es adánico, en estos cuentos encuentro una nueva palabra en el contexto de la literatura negra mexicana: arrebato. Digo arrebato proclive al daño, a lo roto, descompuesto.
Hay en Negras intenciones, como ya lo mencioné, una fórmula relacionada con la potestad de lo maligno, pero me sorprende alegremente que la mitología Hollywood supere el presente del inseguro puerto de Acapulco: Tarzán, Sinatra, Sam, horda Casablanca.
En este volumen de negras desinencias, el lector encontrará una selección importante de autores que afilan sus palabras, las ordenan para darle sentido a lo negro —Paul Medrano, Benito Taibo, J.M Servín, Antonio Malpica y Orlando Ortiz— pienso que ellos socializan con la violencia escritural y esa ya es forma de enunciar el mundo, uno como el de Acapulco, donde se dice brisa y se piensa en la sangre.
Agradezco la existencia de este libro, la casualidad que hermanó a quince autores con Acapulco, pero en especial festejo que la geografía emocional de este puerto sea capaz de alimentar sueños protagonizados por los buenos, los que hablaban con Tarzán, los que dijeron: “Play it again, Sam”; los que caminaron por las nocturnas calles de la zona roja mientras silban “a kiss is just a kiss”.
Me pregunté, al finalizar la lectura de Negras intenciones, ¿cuándo se fue al diablo Acapulco? ¿Cuándo? Sí, ¿cuándo?
| Información obtenida del libro: |
|
Uno de los géneros que más representa a nuestra sociedad es el género negro, tan afín por naturaleza a nuestros vicios, nuestra violencia y la corrupción en la que vivimos. Quince plumas, entre lo más selecto de los escritores del género reúnen en Negras Intenciones un diverso catálogo de asesinatos, mentes enfermas y crónicas de nuestra realidad. Desde la leyenda del poeta caníbal, pasando por un crítico que asesina a malos escritores o las visiones abúlicas de nuestros policías… (Ver libro) |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |





















