Publicado en: Mie, abr 20th, 2011

Cabos sueltos: Mexicanismos, un best-seller académico

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mexica Cabos sueltos: Mexicanismos, un best seller académicoCerca de 6,000 ejemplares en sus primeros cuatro meses en la calle es una buena marca para un libro, y más si se trata de un diccionario. Por encima de algunos comentarios mal intencionados o mal informados, o ambas cosas, que resaltaron su aparición, el Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua, publicado por Siglo XXI Editores, interesa a quien más debe׃ al público. Justa recoge aquí las palabras con que fue presentado el diccionario, en la Sala Ponce, del Palacio de Bellas Artes, a finales de 2010, por el entonces director de la Academia Mexicana, don José G. Moreno de Alba, y por la coordinadora del diccionario, doña Concepción Company Company.

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Acrecentar nuestro conocimiento del español mexicano

José  G. Moreno de Alba

Quiero comenzar esta presentación con dos citas, una larga y otra breve. La larga es el siguiente hermoso elogio del diccionario que escribió Angelina Muñiz:

Un diccionario es un libro especial. Un libro que se abre muchas veces pero que nunca se acaba de leer. Un libro de gran orden que se lee en desorden. Un libro de gran volumen y peso que aunque lleva a muchos lados no se lleva a ningún lado. Un libro imprescindible que se consulta brevemente. Que tomó años y años para ser terminado y que el lector hojea en un par de minutos. Un libro lleno de todas las palabras para sólo buscar una. Un libro de sabiduría, sí, pero ejemplo de la fragmentación y la dispersión. Un libro que ha deshecho el orden natural de este mundo para rehacerlo en un orden arbitrario llamado alfabético. Un libro lógico. Carente de imaginación, pero que desata la imaginación. Un libro eterno que nunca será terminado de leer. Un libro sin tiempo. Un libro sin ideas. Un libro sin pasiones. Un libro a secas. Un libro, libro. Entre el azar y la necesidad, se abre por cualquier página y esa página es primordial. Un secreto y modesto libro, sin aspiraciones, sin pretensiones, pero siempre al alcance de la mano. Un libro dogmático al cual nos acogemos a ciegas: nadie negaría un dato de un diccionario. Un libro de autoridades que, entre todas las palabras, tiene la última palabra.

La cita breve, o menos larga, proviene de un texto anónimo que con el título de “Mentidero” apareció en el número 62-63 (marzo-junio de 2001), que dedicó a los diccionarios la revista Biblioteca de México. Ese texto puede deberse al director de la revista (y de la Biblioteca), Eduardo Lizalde. Es el siguiente:

Los diccionarios de la lengua, en todos los idiomas, quieren ser instrumentos normativos, registros de vocabularios y constancia crítica del cúmulo lexicológico vigente en una región lingüística determinada. Pero así como el código civil no es la sociedad, los diccionarios no son la lengua, pues ella es un fenómeno viviente, en permanente proceso de cambio y desarrollo. Los diccionarios son materia conclusa, agua estancada, la lengua real es un río. En todas las lenguas los diccionarios y vocabularios son simple brújulas para orientarse en el proceloso mar de los dialectos, los idiomas…

Me parece que los dos textos dicen la verdad: un diccionario es un libro; un libro dogmático; un libro de autoridades… pero también es siempre un libro incompleto, una simple brújula.

La lexicografía acostumbra distinguir los diccionarios generales de los especiales. Aquellos pretenden describir el léxico total de una lengua; estos solo un determinado sector. Dentro de los especiales es conveniente diferenciar los integrales de los diferenciales. En uno integral, los artículos explican las palabras que constituyen determinado léxico especial, el del español hablado en México, por ejemplo, pero sin que pretenda oponerlo a otro, al hablado en Argentina, sea por un caso. Un diccionario integral del español mexicano contendrá, por tanto, muchas voces que también forman parte del léxico integral del que se habla en Argentina, para seguir con el ejemplo. Por lo contrario, en un diccionario diferencial se muestran palabras y aceptaciones propias de un determinado dialecto geográfico, social o histórico, con el objeto de oponerlas a otras designaciones características de algún otro grupo de hablantes. Este diccionario, preparado por la Academia Mexicana de la Lengua, es, por una parte, especial y, por otra, diferencial. Quiere esto decir que quien lo consulte encontrará en él voces y definiciones si no precisamente exclusivas, sí propias de español mexicano. Obviamente esto no puede ser tomado en sentido estricto. Quizá baste con señalar que los vocablos y acepciones que contiene este diccionario, por una parte, son empleados o, al menos, conocidos por una buna parte de los hispanohablantes mexicanos y, por otra, no se usan ni se conocen por la mayor parte de los hispanohablantes no mexicanos.

diccionario002 Cabos sueltos: Mexicanismos, un best seller académicoNo es este el primer diccionario de mexicanismos que da a la luz la Academia Mexicana. En 1899 aparece, póstumo, el célebre aunque lamentablemente incompleto Vocabulario de mexicanismos, de don Joaquín García Icazbalceta, quien había muerto un año antes y quien había sido cofundador de la Academia, primer secretario y tercer director. Una edición facsimilar de esta obra, que sólo contiene las letras A a G, fue publicada por la Academia Mexicana en 1975. No fue la corporación sino la editorial Porrúa la que dio a las prensas en 1959 el imprescindible Diccionario de mejicanismos, del académico don Francisco J. Santamaría. Finalmente, en coedición con el Fondo de Cultura Económica, la academia publicó en 2001 el Diccionario breve de mexicanismos (Academia Mexicana de la Lengua, 1997), importante obra preparada por la corporación que incluye, sin definiciones, una lista de más de 76,000 mexicanismos que provienen de la consulta de 138 listas publicadas desde 1761.

Este Diccionario de mexicanismos, dirigido por doña Concepción Company, presidenta de la Comisión de Lexicografía de la corporación, es nuevo en varios sentidos. Entre sus principales características, destacan, el haber sido preparado atendiendo los criterios de la moderna lexicografía, especialmente en lo que se refiere a la selección de artículos y a las técnicas de definición y de marcas distintivas, así como el haber tenido en cuenta no sólo las fuentes que sirvieron para los anteriores diccionarios académicos, como el Índice de 1997, sino otras varias, provenientes algunas del ámbito popular, donde se generan y se transmiten muchas voces y acepciones que, al paso del tiempo, pasan a formar parte del léxico de todos los mexicanos.

De la teoría y el método en que se apoya la obra se trata con detalle en la Introducción. Conviene sin embargo señalar que en este diccionario se definen y explican sólo los llamados mexicanismos sincrónicos, esto es aquellas voces y acepciones que hoy emplean o conocen los mexicanos y que desconoce la mayoría de los hispanohablantes no mexicanos. Entre sus artículos, por lo tanto, no se hallan los términos que se denominan mexicanismos diacrónicos o históricos, esto es aquellas voces o acepciones que tuvieron su origen en México pero que hoy forman parte del léxico de otras regiones o, inclusive, de todo el mundo hispanohablante. La palabra tomate, valga como ejemplo, tiene ciertamente su origen en el náhuatl, lengua mexicana; sin embargo se trata de un vocablo que pertenece hoy no sólo al español general sino también al vocabulario de otras lenguas. No es por tanto un mexicanismo sincrónico. Así que este Diccionario de mexicanismos no es, en sentido estricto, un diccionario de indigenismos. Esto no quiere decir sin embargo que no se incluyan cientos de palabras de origen indígena que, además, se emplean de forma exclusiva en México. Son por ello no sólo mexicanismos históricos, sino también sincrónicos y se definen por tanto puntualmente en este diccionario.

Con la publicación de este volumen y, sobre todo, con la cuidadosa y responsable investigación que la precede, la Academia Mexicana de la Lengua cumple, como lo viene haciendo hace más de 130 años, con lo señalado en uno de los incisos de la cláusula cuarta de la Escritura Constitutiva, en donde se establece, como uno de los fines de la corporación, asunto que se precisa en el artículo 1 de sus Estatutos: “La Academia Mexicana de la Lengua tiene por objeto el estudio de la lengua española y en especial cuando se refiere a los modos peculiares de hablarla y escribirla en México”. Este nuevo Diccionario de mexicanismos permitirá sin duda acrecentar nuestro conocimiento del español mexicano, en el que se finca buena parte de nuestra identidad.

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Un nuevo Diccionario de mexicanismos, para todos los mexicanos

Concepción Company Company

Presentar un libro es siempre un acto agradable, en lo académico y en lo humano. En lo humano, porque significa que estamos entre amigos, y en lo académico, porque significa que la investigación ha concluido, significa que ahora sabemos más sobre nuestro objeto de estudio y significa también, qué remedio, que ahora somos conscientes de lo que nos queda por hacer.

diccionario003 Cabos sueltos: Mexicanismos, un best seller académicoTomo la palabra en nombre del equipo que elaboró el Diccionario de mexicanismos, tanto en nombre de los académicos de número que en él trabajamos desde 2007, como en nombre del equipo de jóvenes lexicógrafos de la Academia Mexicana de la Lengua, y en nombre de los muy jóvenes colaboradores, becarios y alumnos de servicio social, que siguieron nuestra andadura, con rigor, entusiasmo y creatividad, a lo largo de poco más de tres años.

El Diccionario de mexicanismos es importante por varios hechos, tres al menos. Porque es la primera vez que la Academia Mexicana de la Lengua en sus casi ciento cuarenta años de vida elabora un trabajo estrictamente corporativo y colectivo; hay desde luego diccionarios de mexicanismos, pero son de la autoría individual de un académico. La obra que hoy presentamos es la primera de autoría estrictamente institucional. En este sentido, es un nuevo diccionario que no amplía ni continúa otros.

Es importante también, porque es la primera vez que se plasman, definen y ejemplifican en un diccionario todas las facetas del léxico y de las locuciones cotidianas urbanas, las que empleamos los mexicanos todos los días, en todos los registros sociales y culturales que un hablante puede emplear día con día. Y es también inédito en el sentido de que la Academia Mexicana de la Lengua decidió combinar técnicas varias en el proceso de investigación y recopilación de datos, ya que tomó como base corpus de naturaleza varia, orales y escritos, obras literarias, cómics, lexicones diversos, y desde luego el habla espontánea de cuatro generaciones de hablantes nativos mexicanos, mediante mecanismos diversos de elicitación, y consideró también corpus intermedios entre la oralidad y la escritura, como es el caso de las películas.

Los protagonistas de este diccionario somos los hablantes mexicanos y son las voces, acepciones y locuciones de nuestra lengua usadas diariamente en todos sus niveles y ángulos sociolingüísticos, desde los más cultos y generales, hasta los más populares, desde los más formales y distanciados, hasta los más íntimos, cariñosos, afectivos y festivos. Conviven en este diccionario las voces cultas y generales del español de México, como parteaguas, voz inexistente en España, o migración –y no emigración o inmigraciónimprudencial, para referirse a un homicidio, alineación y balanceo, apapachar, chapopote, café y no marrón, la banda del equipaje y no la cinta, poncharse una llanta y no pincharse una rueda, como genérico de infusión de hierbas, de manera que el té inglés se convierte en nuestro té negro, siempre o siempre no, con el sentido de definitivamente, recámara y no dormitorio, tomar y no coger, camión y no autobús, todas ellas conviven con las voces coloquiales y populares, afectivas e íntimas que llenan el español de nuestro país todos los días en todos los niveles sociales y educativos, como ¡aguas!, chido, híjole, simón ese, muy padre, güey, una madrecita o ¡madres!, ah chingá, chingá, el ruco, a todas margaritas, de a cómo, además de un larguísimo etcétera.

Es importante decir que la documentación sistemática del español mexicano cotidiano, coloquial y popular urbano en todos sus niveles socioculturales, no había sido recogida hasta la fecha en una obra lexicográfica.  Por ello, este Diccionario es un nuevo diccionario en toda la extensión de nuevo, y no es continuidad de otros, aunque tiene, como toda obra antecedentes. Es el resultado de una nueva y distinta investigación.

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El Diccionario de mexicanismos que hoy presentamos contiene casi 12,000 entradas o artículos lexicográficos y algo más de 18,500 acepciones. Es una obra elaborada bajo la más estricta lexicografía actual y es un diccionario de uso y no normativo. Es un diccionario diferencial o contrastivo con, frente a, el español europeo, ya que las voces y acepciones que aquí se reúnen no se emplean en el español de España, y es una obra de lexicografía incluyente respecto del español americano, ya que se indica con la marca supranacional, supran., lo que comparte el español de México con otros países de Hispanoamérica. Es mucho lo que compartimos, por eso hay una sola lengua española, pero también es mucho lo que nos hace únicos y diferentes en el mundo hispanohablante y por ello se puede decir que hablamos español mexicano, y que el español de México es una  norma más, o varias normas, dentro del policentrismo lingüístico que construye el mundo hispanohablante actual.

Ediccionario004 Cabos sueltos: Mexicanismos, un best seller académicoste diccionario no es un diccionario del español usual de México ni tampoco es un diccionario de indigenismos. En primer lugar, no están incluidas las miles de palabras que empleamos en la comunicación diaria en México, como mesa, comer, desayunar o reír, que son usuales en todo el mundo hispanohablante y por eso hablamos español y por ello hay una sola lengua española. En segundo lugar, tampoco es un diccionario de indigenismos porque un mexicanismo no es necesariamente un indigenismo.

Hay cientos de indigenismos que sí son mexicanismos (itacate, molcajete, metlapil, cenzontle, chapopote, chingar y un numeroso etcétera), pero hay también indigenismos que ya no pueden ser catalogados como mexicanismos, puesto que su empleo ha rebasado la frontera de este país y se ha generalizado en todas las variedades del español, y más allá incluso de la lengua española, como es el caso de tomate, chocolate o tiza, y muy pronto el aguacate dejará de ser mexicanismo, y acaso lo está dejando de ser. Son históricamente mexicanismos, pero en perspectiva sincrónica ya no lo son, puesto que más bien son aportaciones de México al mundo. El caso del nahuatlismo tiza es especialmente ilustrador de los ires y venires de las lenguas y sus contactos. En España se emplea tiza, en México se emplea un latinismo-anglicismo gis, del latino gypsu, heredado y filtrado, eso sí, través del inglés his.

Y hay también mexicanismos que no son indigenismos, ya que no están relacionados ni en su creación ni en su empleo con las lenguas indígenas, dado que no son resultado del contacto cultural y lingüístico entre el español y las lenguas indígenas mesoamericanas sino del devenir histórico y del uso cotidiano del léxico patrimonial de la lengua española en este país, tales como banqueta, pendejo, agarrar en curva, abanderado, sentirse muy salsa, ándale(s), quiúbole, salsa martajada, madrear y madrearse, coger y muchos miles más.

En definitiva, por mexicanismo debe entenderse el conjunto de voces, locuciones, expresiones y acepciones caracterizadoras del habla de México, que distancian la variante mexicana respecto del español europeo.

Un diccionario refleja necesariamente la identidad de un pueblo, su personalidad lingüística, entendiendo por identidad el conjunto de rasgos propios de una colectividad que los caracteriza frente a los demás.

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Este Diccionario de mexicanismos muestra, sin duda, las rutinas y hábitos lingüísticos que otorgan identidad a los mexicanos y en él se ven reflejados los grandes ejes culturales, las obsesiones podría decirse, alrededor de las cuales se concentra el léxico del español de nuestro país. Este diccionario, como cualquier obra lexicográfica, pone de manifiesto la relación entre lengua y cultura, ya que hace patente que aquello que es cultural y cognitivamente importante para los mexicanos tiene más léxico o más construcciones para ser expresado.

Hablaré  muy brevemente de tres ejes que encontrará recurrentemente el usuario de esta obra. Hay muchos más. El eje central que estructura el español de México es sin duda el sexo y, ojo, un sexismo machista: hay por ejemplo más de 200 denominaciones de pene, pero no llegan a 30 las denominaciones para el órgano sexual femenino; el albur –por eso hemos generalizado el latino jugo y no zumo, porque el primero no se presta a equívocos–, la estigmatización y múltiples denominaciones para la homosexualidad masculina son también muestra de la sexualidad y del sexismo que estructura el español de México, y, por supuesto, la madre y chingar, en todas sus acepciones, positivas y negativas, en sus riquísimos respectivos campos semánticos y gramaticales son igualmente manifestaciones de este gran eje cultural sexual.

Otro de los grandes ejes caracterizadores del español mexicano es sin duda la muerte׃ colgar los tenis, bailar las calmadas, chupar faros, petatearse, enrollar el petate, entregar el equipo, ya valió, entre otras muchas expresiones. Con mucha frecuencia la muerte y el sexo van juntos en el español de México y juntos, pero no revueltos, que también es mexicanismo, aparecen en este Diccionario. Por ejemplo, darlas es morirse pero también acceder a una petición sexual: ya las dio, echarse a alguien, me eché a Juan, también se refiere al sexo y a la muerte simultáneamente. Esta recurrente asociación es bastante lógica, ambos campos muestran dos ángulos complementarios de una lucha agónica por la vida; recordemos que el gran ensayista francés Bataille se refería al orgasmo como la petite morte.

Otro eje es, por ejemplo, la preferencia del hablante mexicano por aminorar y muchas veces eludir la agentividad y la responsabilidad de una acción o situación. Ningún mexicano que esté en sus cabales, que esté cuerdo, dirá rompí el jarrón, sino se me rompió el jarrón, nunca dirá perdí el dinero, e inclusive preferirá la total despersonalización de se rompió el jarrón. Evidencia de esta elusión de la responsabilidad y con ella la elusión de un posible enfrentamiento con el otro son las numerosas locuciones que constituyen mexicanismos, y que son mexicanísimas, del tipo dar el avión, navegar con bandera de pendejo, hacerse que la virgen te habla, hacerse pa’ lo oscurito, hacerse ojo de hormiga, hacerse maje, hacerse güey, entre muchos, muchos cientos.

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Un diccionario es también un instrumento de educación y de reflexión, y no sólo una herramienta de información. Los hablantes sin duda lo consultarán, curiosearán en él, y esperamos que aprendan y se diviertan al abrir sus páginas, hojear-ojear, con hache y sin hache, un diccionario es un placer y un aprendizaje.

Pero un diccionario es sin duda una herramienta para el mejor conocimiento de nosotros mismos. En la medida en que sepamos quiénes somos, cómo somos y por qué hablamos y nos comportamos lingüísticamente de una determinada manera, estaremos más seguros de quiénes somos y de cómo podemos situarnos frente al otro y ante nosotros mismos: los mexicanos cruzamos cuadras y no manzanas, tomamos el camión y no cogemos el autobús, compramos zapatos café y no marrones. Estar seguros de nosotros mismos es estar seguros de que estas expresiones, y varios miles más, son parte de nuestra idiosincrasia. Estar seguros de cómo hablamos es saber en qué somos iguales y en qué somos diferentes frente al otro y a los otros, es, en definitiva, conocernos mejor y situarnos seguros de nosotros mismos, y más tolerantes, frente a la otredad.

La Academia Mexicana de la Lengua contribuye con el Diccionario de mexicanismos con una herramienta más para el conocimiento y la reflexión de la mexicanidad en los fines ya de este simbólico 2010.

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