Del hacimiento en condominio

Por la velocidad del crecimiento urbano y por el constante flujo migratorio que no cesa, existen actualmente problemas originados en el siglo pasado. Deforestación, contaminación de ríos y otros cuerpos de agua, tiraderos de basura a cielo abierto, son costos ambientales y sanitarios que constituyen graves problemáticas sociales.
El crecimiento de las colonias o zonas habitacionales en la ciudad de México y su Zona Metropolitana se dio por la proliferación de asentamientos irregulares; la existencia de colonias con una antigüedad de treinta años en la ciudad se debe a este fenómeno. Por la demanda de vivienda que generó la explosión demográfica familias enteras se vieron en la necesidad de buscar terrenos baldíos sin propietarios o cuyos costos permitieran su compra.
Lo anterior debido a que parte de la población económicamente activa no cuenta ni contaba con los ingresos necesarios para solicitar un crédito hipotecario y conseguir un inmueble en el mercado local. La demanda era mucho mayor a la oferta de vivienda, lo que ocasionó un déficit inmobiliario el cual buscó resolverse de la manera que fuera; terrenos escarpados ubicados en zonas altas dentro de la ciudad se habitaron con construcciones improvisadas.

No únicamente se poblaron terrenos baldíos; ejidatarios que todavía poseían grandes extensiones de terreno y que utilizaban para sembrar, pero que ya no eran productivos, los pusieron a la venta, pues sus propietarios dejaron de dedicarse a la agricultura y comenzaron a introducirse en otras actividades económicas. Esto ocurrió en delegaciones ubicadas al sur-poniente de la ciudad, como Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Tlalpan, Xochimilco, al tiempo que sucedía lo mismo en algunos municipios del Estado de México.
Los nuevos terrenos adquiridos o adjudicados carecían de servicios: agua, luz, drenaje, pavimento, transporte, etc. Las viviendas se construían con materiales precarios y de bajo costo, como láminas de cartón o de asbesto, tablas de madera, los que hacían aún más difícil la vida de los nuevos colonos. Los vecinos que abrían esas nuevas colonias eran acechados frecuentemente por autoridades encargadas de regular asentamientos, quienes desalojaban los terrenos con el uso de la fuerza, provocando enfrentamientos entre policías y organizaciones vecinales.
El crecimiento en la ciudad de México y la Zona Metropolitana se aprecia en las construcciones hechas en las montañas que rodean al valle de México. Casas de dos pisos, o hasta más, se erigen sobre las laderas inclinadas de los terrenos que son poco propicios para la construcción de viviendas. En la ciudad hay asentamientos urbanos en zonas consideradas de alto riesgo, como en barrancas, cuyos terrenos se deslavan con las lluvias, lo que ocasiona accidentes con pérdidas humanas.

Existe una ambivalencia en los asentamientos ubicados en algunas zonas montañosas de la ciudad y la zona conurbada. Asentamientos improvisados en zonas altas de Ecatepec, como la Sierra de Guadalupe, que ahora constituyen colonias; en la delegación Magdalena Contreras, como el Cerro del Judío, o en Iztapalapa, con el Cerro de la Estrella, tuvieron un origen sin la planeación urbana adecuada, que es reflejo de la condición económica de sus pobladores.
Contrariamente existen zonas montañosas que habitan sectores sociales de mayores ingresos, que no sufrieron las carencias en los servicios básicos, ni las constantes amenazas de desalojo por parte de las autoridades. La colonia Jardines del Pedregal en el Distrito Federal es un asentamiento rocoso de origen volcánico, el cual se acondicionó para que fuera habitable teniendo todos los servicios públicos, pero también privados.(1) El cerro Zacatépetl ubicado en este conjunto residencial, sufre los mismos embates que los otros mencionados; en él, mansiones vistosas transformaron el paisaje natural, lo que denota la gran diferencia en los asentamientos de quienes pueden pagar una urbanización y quiénes no. El cerro Zacatépetl, al igual que los otros, no es considerado un área de conservación natural y la construcción de viviendas en el mismo alteró su ecosistema.
Por la ocupación irregular de terrenos, la flora y fauna que habitan en los bosques que rodean el valle de México están mermadas. La deforestación desmedida ya tiene costos elevados para el medio ambiente; 500 hectáreas de vegetación se pierden anualmente, al tiempo que la mancha urbana crece a un ritmo de 300 hectáreas(2). Pese a que el suelo urbano ya está agotado, la demanda de vivienda sigue en aumento.
El equilibrio ecológico y climático de la ciudad depende de los “pulmones” que se encuentran al sur y sur poniente de la ciudad. La recarga de mantos acuíferos está vinculada a la cubierta forestal, sin la cual el suministro de agua se ve comprometido; al presentarse la deforestación desmedida, el suelo erosionado se vuelve más propenso a deslaves.

La expansión de suelo urbano, incrementado en los setenta(3), trajo no sólo problemas de deforestación, sino también de contaminación de ríos o la pérdida de muchos de ellos. En el caso de lagos, existía una superficie de alrededor de 1500 kilómetros repartida en un sistema de lagos, de los cuales aún quedan 50 kilómetros entre los que se cuentan los lagos de Xochimilco, Texcoco, Chalco y Zumpango(4). Ríos pequeños dentro de la ciudad desaparecieron o su caudal se utiliza para el abastecimiento del líquido a la población, la que debido a su crecimiento demanda más cantidades.
El 90% de los 40 ríos(5) que existen están entubados y forman parte del sistema de drenaje de la ciudad. La mayor parte de ellos son canales de aguas negras que desembocan en el Gran Canal de Desagüe. En el lugar en el que existían ríos de agua, ahora hay ríos de asfalto con automóviles; en los años treinta el arquitecto Carlos Contreras propuso hacer un circuito de circulación sobre los ríos Consulado, la Piedad y la Verónica; él, vislumbró la construcción de un Viaducto, o en otras palabras, de una vía rápida que corriera encima de un ducto de aguas negras, que se construyó hasta los años cincuenta.(6)
Durante el resto del siglo XX , se entubó parte del río Mixcoac, todo el rio Churubusco y parte del Rio Magdalena; en 1996, se comenzó con a entubar el río San Rafael para conectarse con el canal de la Compañía, parte del río Ameca, el de los Remedios, el Río Hondo y Tlalnepantla.(7) Actualmente, sólo el Río Magdalena, ubicado en la delegación Magdalena Contreras, es el único que mantiene su estado natural, para el que se implementó un programa de conservación por el gobierno de la ciudad.
La contaminación de estos caudales naturales se debió a actividades industriales, pero también a problemas ocasionados por las precipitaciones pluviales, que provocaban inundaciones. La mayor parte de los ríos se entubaron a partir de los años cuarenta, como una medida preventiva que evitó que los caudales se utilizaran como tiraderos de basura. Existen planes de rescate ambiental para aminorar la contaminación de los ríos de la ciudad, lo cual representa un reto importante para este nuevo milenio, ante el constante crecimiento de la población.
La contaminación del ambiente en las sociedades industriales modernas se desarrolla y crece a la par de la urbanización. En la ciudad de México existe ya una sobreproducción de residuos sólidos que contaminan el medio ambiente; diariamente se producen 12 mil 600 toneladas de basura(8), las que anteriormente iban a dar al tiradero conocido como el Bordo Poniente ubicado en ciudad Netzahualcóyotl en el Estado de México. El tiradero de basura será cerrado próximamente según información oficial, pues se redujo a la mitad la producción de desechos sólidos a causa del programa ambiental implementado para separar basura orgánica de la inorgánica.

Debido al trato inadecuado de los desechos sólidos, éstos pueden contaminar el suelo por la cantidad de aleaciones químicas o metales pesados, como el mercurio(9), que la basura contiene. En México no existe, hasta el momento, una legislación que regule la emisión de este tipo de contaminantes, o programas ambientales orientados a la recuperación de suelos contaminados. Las afectaciones por la contaminación de metales pesados, alcanzan también a la población y esto puede ocasionar problemas de salud crónicos, como retraso en el desarrollo, algunos tipos de cáncer, daños al riñón e incluso la muerte.
Las 12 mil 600 toneladas diarias que se registraban anteriormente no contemplaban, como no se contempla ahora, el excedente de basura sólida que no es recolectado por los servicios de limpia. Con frecuencia, barrancas y otros espacios de conservación natural son usados por la población como tiraderos clandestinos; los desechos van a parar a ríos o arroyos, lo que contribuye a la contaminación de los mismos, pero también a la proliferación de fauna nociva.
Se prevé que con el eventual cierre del Bordo Poniente esta práctica entre la población aumente. La gran cantidad de basura generada es análoga a la gran cantidad de población que habita la ciudad de México. El problema deviene de la falta de información, de educación ambiental, de un desconocimiento generalizado de los efectos negativos sobre el medio ambiente.
La cantidad exacerbada de desechos es consecuencia de la alta oferta de productos desechables. Estos productos tienen la virtud de servir para una sola ocasión, tirándose inmediatamente; hay desde platos, cucharas, vasos, pañales, recipientes, accesorios para el arreglo personal, muchos objetos cuya base para su elaboración es el petróleo. El problema con ellos es que tardan muchos años en degradarse por su composición química, y no dejan de producirse, al tiempo que no dejan de comprarse.

La legislatura local intentó darle solución al problema mencionado a través de la vía legal. Las reformas a la Ley de Residuos Sólidos en el Distrito Federal, que entró en vigor en 2009, promovió la no utilización de bolsas de plástico en establecimientos comerciales; sin embargo, la medida es insuficiente pues solamente se pensó para los establecimientos con registro legal. Dentro del proyecto no se previó la cantidad de bolsas de plástico que se utilizaban en el comercio informal, por lo que la reducción en la contaminación del medio ambiente se tiene en un porcentaje mínimo.
Los problemas hasta aquí mencionados, que se viven en la ciudad de México, son consecuencias de la industrialización que tuvo lugar a partir de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado; de las migraciones del campo a la ciudad; de una escasa planeación urbana, de la explosión demográfica; situaciones que en su conjunto expresan el movimiento social propio de las sociedades industriales o semi-industriales.
(3) op. cit.
(4) Haydea Izazola, “Agua y sustentabilidad en la Ciudad de México”, en Estudios Demográficos y Urbanos, mayo-agosto, numero 047, Colegio de México. México, 2001. pp- 285-320
(5) Nancy Zamora, “Contaminado, 90 por ciento de ríos en el DF”, en Milenio. Articulo web consultado en la dirección electrónica: http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/562a77fdb11ec7137554a9298b10c471, el 19-06-2012
(7) Ibid.
(8) Iván Restrepo, “El problema de las bolsas y la basura”, en La Jornada en línea, artículo web consultado en la dirección electrónica: http://www.jornada.unam.mx/2011/08/22/opinion/022a2pol, consultado el 19-06-2012.
(9) Mario Yarto, Arturo Gavilán, José Castro, “La contaminación por mercurio en México”, en Gaceta Ecológica, julio-septiembre, numero 072, Instituto Nacional de Ecología. México, 2004. pp. 21-34.
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