El cine es un espejo pintado
Ettore Scola
El arte cinematográfico mexicano, después de los años más importantes de la llamada Época de Oro (1939-1945), tuvo una producción de obras que se extendió algunos años después del término de la Segunda Guerra Mundial. El auge de la televisión y la gran producción norteamericana de cine representaron una competencia para la filmografía nacional.
El cine mexicano de la década de los cincuenta inicia con una película importante para su historia: Los olvidados (Luis Buñuel, 1950). En ese tiempo Emilio “El indio” Fernández obtuvo reconocimientos internacionales y Pedro Infante se convirtió en el icono del pueblo, así como el estereotipo del mexicano. La producción cinematográfica mostrada durante el periodo después de la guerra decayó por lo que se desarrollaron películas de bajo presupuesto y de similares resultados.

Los olvidados, Luis Buñuel
Hacia finales de los cincuenta la cinematografía mexicana perfilaba cierta decadencia. Los temas y la forma de hacer cine se repetían, no se producían nuevas propuestas, la temática se centraba en rancheros, atmósferas de arrabal y rumberas. El cine de Buñuel y el independiente fueron las opciones diferentes en ese momento del cine mexicano. Después de Los olvidados, Luis Buñuel comenzó una producción importante en México: Susana (Carne y demonio) (1950), Subida al cielo (1951), Él (1952), La ilusión viaja en tranvía (1953), Ensayo de un crimen (1955), Nazarín (1958) y El ángel exterminador (1962). La comercialización de formatos semi-profesionales de equipos de cine dio a los cineastas una opción para producir a un bajo costo y de forma independiente. En 1953 apareció la película Raíces de Benito Alazraki (1921-2007), la cual marcó una manera diferente de crear, y el camino del cine independiente de calidad de los setenta. Con la televisión se popularizó la lucha libre mexicana y en 1952 se estrenó la primera película de luchadores, La bestia magnífica (Chano Urueta, 1953); este tipo de películas tuvo gran auge.

Raíces, Benito Alazraki
La falta de opciones cinematográficas despertó el interés en la televisión y el cine de Hollywood. La crisis fue tal que en 1958 la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas suspendió el premio Ariel. En 1960, durante el gobierno de Adolfo López Mateos, la producción quedó a cargo del Estado. El desinterés por las creaciones mexicanas aumentó. A principios de los sesenta la UNAM realizó una labor importante con los cineclubes para fomentar el cine de calidad y creó en 1963 la primera escuela de cine en México: el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC). En 1965 y 1967 se llevaron a cabo los concursos de Cine Experimental de Largometraje, los cuales permitieron impulsar la carrera de cineastas como Alberto Isaac (1923-1998), Juan Ibáñez (1938-2000), Carlos Enrique Taboada (1929-1997) y Sergio Véjar (1928-2009).
En el sexenio de 1970-1976, el cine mexicano cobró un nuevo impulso. Se invirtió en el Banco Nacional Cinematográfico y se crearon Conacite I, Conacite II y Conacine, tres productoras pertenecientes al Estado. El premio Ariel suspendido en 1958 se restableció en 1972. En 1974 se inauguró la Cineteca Nacional y, en 1975, el Centro de Capacitación Cinematográfica. Fue un periodo importante para la cinematografía mexicana. Se trataba de un cine que retrataba la clase media. Los principales filmes, entre otros, fueron El castillo de la pureza de Arturo Ripstein (1972); Canoa (1975), El apando (1975) y Las Poquianchis (1976) de Felipe Cazals. Se trató, como lo apunta el historiador de cine Emilio García Riera, de una época en la cual los directores estaban bien preparados y tenían libertad de realización.
![]() El castillo de la pureza, Arturo Ripstein |
![]() El apando, Felipe Cazals |
Durante el siguiente sexenio, presidido por José López Portillo, los avances conseguidos en el anterior se perdieron, y se creó una industria del cine privada. Se prefería a los directores extranjeros. El tipo de películas producidas era de baja calidad y se caracterizaba por ambiente de cabaret, diálogos obscenos y desnudos.
En la década de los ochenta se agudizaron los problemas de la industria cinematográfica por la crisis económica, política y social. Se incrementó la producción de la industria privada, mientras que la nacional era escasa y no había espacios para difundirla aunque por ley se exigiera su exhibición no se llevaba a cabo como debía ser. La mayoría de las películas ganadoras de un premio Ariel no tuvieron espacio en las salas comerciales. En el año de 1983, se creó el Instituto Mexicano de Cinematografía, el cual permitió controlar la calidad de las producciones y ayudó al resurgimiento del cine de calidad. El traslado del control del cine a Conaculta en 1988 impulsó el progreso del cine.
Películas como La tarea (1990, Jaime Humberto Hermosillo), Danzón (1991, María Novaro), La mujer de Benjamín (1991, Carlos Carrera), Sólo con tu pareja (1991, Alfonso Cuarón), Cronos (1992, Guillermo del Toro), Como agua para chocolate (1992, Alfonso Arau) fueron producciones que marcaron la calidad y tendencia de la década de los noventa. Esta última película representó el regreso exitoso del cine nacional a las salas y su reincorporación otra vez a la vida cultural de México.
![]() Danzón, María Novaro |
![]() Como agua para chocolate, Alfonso Arau |
En el sexenio de 2000 a 2006 el cine logró internacionalizarse. Destacan directores como Jorge Fons (1939), Arturo Ripstein (1943), Gabriel Retes (1947), Busi Cortés (1950) Luis Estrada (1962), y Carlos Carrera (1962). En 1997 se lograron inversiones para el cine En 1999 la película Sexo, pudor y lágrimas de Antonio Serrano logró competir en taquilla con el cine extranjero.
El siglo XXI del cine mexicano inició con dos películas que marcaron el estilo de hacer cine en los siguientes años: Amores perros (2000, Alejandro González Iñárritu) e Y tu mamá también (2001, Alfonso Cuarón). Los temas guardan relación con la clase media, es un realismo sobre la sociedad mexicana con todos sus matices. En la actualidad esa es la tendencia prevaleciente aunque hay una combinación de cine comercial y cine no comercial o independiente en las salas. En los últimos años alagunos actores y directores mexicanos han logrado éxito en el extranjero.

Amores perros, Alejandro González Iñárritu
Georgetown Blues
Poema Cinematográfico
(Fragmento)
A Frank O’Hara. “poeta en Nueva York”
Cae la lluvia fiel del cielo perseguido
por los reflectores, herido por innumerables aeroplanos,
más, a veces, redimido por el vuelo de la alondra,
por el paso apenas perceptible del ruiseñor
(nightingale en su mejor definición)…
Encerrados en un cuerpo que ya empieza a decaer,
vestidos con la ropa de weekend
para transponer la puerta de otra noche,
vemos pasar calles, canales, faroles aureolados de lluvia,
autos, autos, autos, muchachas que saben a dónde van,
jóvenes barbudos arrastrados por la corriente,
señores jadeantes con ropas deportivas,
un gato contemplativo y los frívolos perros que lo persiguen,
una comercial tajada de luna,
corazones y sexos, soldados con licencia,
diarios con noticias de invasión,
Whitman cubierto con una revista de desnudos,
Whisler asaeteado por flechas de agua,
Santayana describiendo el vuelo trasatlántico de la gaviota
Agustiniana,
Bogart iluminado por el cigarrillo culpable,
Bailarines de breakdance, señoras pensando en Gershwin o en Cole
Porter,
oradores furiosos anunciando al dios de los castigos,
gorduras monumentales de mantequillas, hot cakes,
mermeladas, bollos, crema, chocolates rellenos de untuosa química,
flacuras metodistas, el Salvation Army esgrimiendo biblias ante los
borrachitos,
niños con banderas y símbolos guerreros,
muchachos astrosos con signos pacifistas,
“latinos” de indocumentada vergüenza.
Pasan, pasan, pasan…
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