El ritmo erótico en la poesía de Gonzalo Rojas

La escritura poética, por ser precisamente escritura, no contiene en su materialidad los sonidos, entonaciones o ritmos concretos propios de toda secuencia oral real, sino sólo las imágenes acústicas correspondientes a las unidades distintivas. Sin embargo, conserva fuertemente sus vínculos con lo oral, como un pentagrama. Entonces, la persistencia de lo fónico en la poesía la preserva como fenómeno que, no obstante su soporte escritural, conserva su virtualidad sonora, de modo que el lector de poesía –dice Octavio Paz– “oye mentalmente, detrás del trazo las palabras del texto, su música verbal”. Esto es lo que sucede cabalmente con el discurso lírico de Gonzalo Rojas, quien no solamente prefiere en prólogos y presentaciones la lectura en voz alta, sino que en sus poemas recurre a menudo a sugestiones de oralidad que incluyen todo tipo de procedimientos que la proyecten a la página. Esto es especialmente evidente en la expresión de los ritmos del amor.
Y dice el poeta: “Todo crece con el ritmo”, porque uno nace y “desnace al mismo tiempo”. Por eso, su poesía ofrece en una misma trama lo numinoso y lo cotidiano, lo fanático y lo erótico, lo riguroso y lo placentero, lo físico y lo metafísico, es decir, el juego de la vida trasmutada en sonido con sentido, en cadencia rítmica. Sístole y diástole, inspiración y expiración, hartazgo y deseo o, como dice el poeta, “hartazgo y orgasmo”, “alternancia del esperma y de la respiración”. Poesía en movimiento, palabras que se encuentran, chocan, copulan, se distancian, dicen lo uno y lo otro, el yo y el tú, el esto y el aquello, el yin y el yang. Poesía y encuentro, poesía y eros vienen a ser lo mismo en la ambigüedad sonora o en la incierta página en blanco. “Falo el pensar y vulva la palabra”, sintetizó Paz. Y así lo dice Rojas:
Hartazgo y orgasmo son dos pétalos en español de un mismo
lirio tronchado
cuando piel y vértebras, olfato y frenesí tristemente tiritan
en su blancura última, dos pétalos de nieve
y lava, dos esplendidos cuerpos deseosos
y cautelosos, asustados por el asombro, ligeramente heridos
en la luz sanguinaria de los desnudos:
un volcán
que empieza lentamente a hundirse.
Así el amor en el flujo espontáneo de unas venas
encendidas por el hambre de no morir, así la muerte:
la eternidad así del beso, el instante
concupiscente, la puerta de los locos.
Así el así de todo después del paraíso:
-Dios,
ábrenos de una vez.
“Pareja humana”
El sentido brota de la cadencia rítmica que es sonido y significado, frase e imagen simultánea e inseparablemente. En El arco y la lira, leemos: “El lenguaje –con mayor razón la poesía–, igual que el universo, es un mundo de llamadas y respuestas; flujo y reflujo, unión y separación, inspiración y respiración. Unas palabras se atraen, otras se repelen de lo mismo. El habla es un conjunto de seres vivos, movidos por ritmos semejantes a los que rigen a los astros y a las plantas”.
Secuencias y pausas, palabras y silencios, el ritmo es un acorde o una analogía, una reiteración o una ruptura, una armonía o un contraste. El lenguaje –sigue Paz– “es un continuo vaivén de frases y asociaciones verbales regido por ritmo secreto”. Afinidades y repulsiones se suceden atraídas por fuerzas idiomáticas inmanentes. La poesía no hace más que convocar ese ritmo por medio de metros, rimas, aliteraciones, paronomasias, encabalgamientos, anáforas, retruécanos, paralelismos, correlaciones y otros procedimientos.
Anoche te he tocado y te he sentido
sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano
te he sentido.
Palpitante,
no sé si como sangre o como nube
errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste centelleante.
Corriste por mi casa de madera
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera.
“Oscuridad hermosa”
Ya en el ir y venir de los títulos de los poemas de Rojas, se encabalgan el amor y el olvido, la aventura y el éxtasis, el rencor, el despecho, la nostalgia, el convite y la búsqueda, la evocación que convoca y dispersa sensaciones e imágenes:”Latín y jazz”, “Alcohol y sílabas”, “El sol y la muerte”, “El principio y el fin”, “Rotación y traslación”, “Últimamente tú que yéndote te vas”, “¿Qué se ama cuando se ama?”, “Quedeshím Quedeshóth”, “Asma es amor”, “Culebra o mordedura”, “Eso que no se cura sino con la presencia y la figura”, “Tacto y error”, “Orquídea en el gentío”, “Éxtasis del zapato”, “Lectura de la rosa”… Al fin que así lo expresa:
… el Ritmo ha de ser océano profundo
que al hombre y la mujer amarra y desamarra
nadie sabe por qué…
“Carta para volvernos a ver”
En otro de los textos fundamentales de Octavio Paz, La otra voz, accedemos a estas ideas: “Al principio, la poesía fue oral: una columna que asciende y que está hecha de versos, es decir, de unidades verbales rítmicas, que aparecen y desaparecen, una tras otra, en un espacio invisible hecho de aire. […] La poesía se apoyó más tarde, en la escritura; desde entonces se ha servido del signo escrito y de la palabra hablada”. De igual modo, la poesía de Gonzalo Rojas ha permanecido fiel a esas fuentes primeras, ese origen oral, y el propio autor lo declara en Metamorfosis de lo mismo: “No estoy por la partitura efímera […], sino por la oralidad y por la sintaxis del callamiento. De ahí que, cuando escribo mis líneas menesterosas de aprendiz interminable, lo primero que hago es ponerme en pie y leerlas en voz alta. No al lector, al oyente”.
Te juré no escribirte; por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
[…]
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo.
“Retrato de mujer”
En todas las formas escritas de la poesía, el signo gráfico está siempre en función del oral. El lector advertido oye siempre, detrás del trazo, las palabras del texto, su música verbal. De ahí que Gonzalo Rojas no sólo evoque en prólogos y presentaciones la lectura en voz alta, sino que sus poemas recurren a menudo a sugestiones de oralidad que incluyen repeticiones, tartamudeos, avances y retrocesos, correcciones, anacolutos, fugas, muletillas, explicaciones, coloquialismos, juegos de palabras, colisiones entre el sonido y el significado:
Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,
turgentes, desafiantes, rápida la marea,
pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones
y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,
y echan su aroma duro verdemente.
Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra.
Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería
de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile
de las calles veloces. Hembras, hembras
en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos
para sacar apenas el beso de la espuma.
“Las hermosas”
***
Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
“La loba”
***
Así sople el verano o el invierno,
así viva feliz sentado sobre el triunfo
[…]
Así padezca el látigo del hambre,
así me acueste
[…]
Así toque mi citara para engañarme, así
se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,
“Carta del suicida”
***
insaciable de la lascivia,
frenético el frenesí con tus dientes…
“El fornicio”
***
Si ha de triunfar el fuego sobre la forma fría,
descifraré a María, hija del fuego,
la elegancia del fuego, el ánimo del fuego,
el esplendor, el éxtasis del fuego.
“Rapto con precipicio”
***
y eres blanca y flexible, y estás ahí mirándome,
y te quiero apartar y estás ahí mirándome,
[…]
…Y no hay sábana donde dormir, y no hay, y no hay
sol en ninguna parte, y no hay estrella alguna
“El amor”
Sí, podría estar citando textos todo el día. En el poema “Oriana” se juega significativamente con el origen etimológico del nombre. Oriana viene de os, oris (‘boca’), y de allí se vincula con oral y oralidad. Así, Rojas sugiere la identidad entre palabra (lo oral) y la poesía y la mujer.
Y aquí, en este breve e intenso texto, la metonimia se metaforiza hasta condensarse en un solo sonido vocal, suma y cifra del sentido-universo-mujer-eros, y se plantea un arte poética:
Muslo lo que toco
y pétalo de mujer el día, muslo
lo blanco de lo translúcido. U
y más U, y más y más U lo último
debajo de lo último, labio
el muslo en su latido
nupcial, y ojo
el muslo de verlo todo, y Hado,
sobre todo Hado de nacer, piedra
de no morir, muslo:
leopardo tembloroso.
“Del sentido…”
El sistema de correspondencias que vincula palabra-oralidad-poesía-mujer-eros encarna continuamente en metáforas cuyo término explícito es un instrumento musical que en su forma recuerda, del algún modo, la figura femenina, como la cítara o el arpa. (Véanse poemas como “Cítara mía” o “Vocales para Hilda”). Quizá el poema “La palabra placer” sea uno de los más claros poemas metapoéticos, es decir, uno de aquellos en que mejor se define el sentido del conjunto textual y en el que la palabra y la mujer objeto del deseo se unimisman hasta confundirse:
La palabra placer, cómo corría larga y libre por tu cuerpo
la palabra placer
[…]
cayendo del destello de tu nuca, fluyendo
blanquísima por lo vertiginoso oloroso de
tu espalda hasta lo nupcial de unas caderas
de cuyo arco pende el Mundo, cómo lo
músico vino a ser marmóreo en la
esplendidez de tus piernas…
“La palabra placer”
Por fin, el poema “Das heilige” (‘lo santo, lo numinoso’) parece reunir todos los sentidos de la poesía de Rojas en una visión en que sonidos lingüísticos, música y órganos genitales femeninos se funden en un arder vertiginoso humano y cósmico, frenesí dionisiaco, que asume carácter sagrado: Es la apoteosis de la pasión monopólica del poemario:
Raro arder aquí todavía.
¿Vagina
o clítoris? Clítoris por lo esdrújulo
de la vibración, entre la ípsilon
y la iod delicada de las estrellas
gemidoras, música y frenesí de la Especie.
Pero además
vagina sagrada, punto G, punto
de la puntada torrencial del
que se ama cuando se ama. Raro
arder aquí todavía.
“Das heilige”
Terminemos citando la declaración epicéntrica, axiomática del magnífico poeta: “el amor es, acaso, la única utopía que nos queda”.
Bibliografía
-Paz, Octavio, El arco y la lira, México, Fondo de Cultura Económica, 1955.
-Paz, Octavio, La otra voz, Barcelona, Seix Barral, 1990.
-Rojas, Gonzalo, Metamorfosis de lo mismo, Madrid, Visor, 2000.
***
Este artículo fue anteriormente publicado en Revista DCO-Danza, Cuerpo, Obsesión (Argentina-México), número 5 “Ritmo”, enero de 2006, y todavía antes, en Acta literaria (Chile), número 28, 2003.
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