Evocaciones del sabor y del alma

Evocaciones del sabor y del alma
Por Israel Morales
Dice la autora: “…si Aristóteles hubiera guisado”. Y la verdad si de una poética gastronómica se trata, Arcelia Ayup Silveti se va hasta las últimas consecuencias de la sazón, condimentada con el especial énfasis en la comida del desierto. Pero no es sólo acompañarse de Rollo Quetzalcóatl, Ensalada de frijoles, Papas a la Patricio, Pay de brócoli, Cabuches al tequila las que destacan, entre demás exquisiteces, en Evocaciones del sabor y del alma. Placeres gastronómicos (Jus, 2011), sino también que el sabor se mezcle con el placer de la lectura, porque Sor Juana y Rosario Castellanos, por citar algunos ejemplos, también eran excelentes cocineras.
De la primea, Ayup le dedica un capítulo para destacar que como la poesía, sus recetas fueron codiciadas entre integrantes del clero y la corte: “Lisonjeando, oh hermana, de mi amor propio/ me conceptúo formar esta escritura/ del Libro de Cocina y ¡qué locura!/ concluirla y luego vi lo mal que copio”. Pero más por el placer de degustarlas, amén de leerlas. De Castellanos lo hace con un ligero, pero profundo epígrafe a sus “Reglas básicas del trabajo en la cocina”: “He aquí una regla de oro, el secreto del orden: tener un sitio para cada cosa y tener cada cosa en su sitio. Así arreglé mi casa”.
Y el placer de la lectura llega al paladar, pues además de las extravagancias (“Goza inteligentemente de los placeres de la mesa”, decía Epicuro), se pude gozar del intelecto con “Las recetas clásicas”, o “Las delicias de los maestros”, con especial acentuación en los nutrientes de Laura Esquivel, a quien se le recuerda por esa trama a fuego lento llamada Como agua para chocolate, y de quien retoma tales manuales, donde Tita, la protagonista, hacía de la cocina un arte lleno de corazón, “y quien conoció la vida a través de la cocina y le resultó difícil entender el mundo exterior lejos de esos muros: dentro de ellos jugaba, aprendía, amaba, odiaba, esperaba, discernía. Le gustaba respirar toda suerte de humos y vapores y viajar junto a los singulares olores guardados en su memoria”, así la evoca Ayup.
Y si de inventarios se trata, se va a la cúspide del pensamiento con el pintor Leonardo da Vinci: “¿Cómo podía inventar, cocinar y pintar, combinaba los pensamientos, le fluían al mismo tiempo? Mientras pintaba su Mona Lisa ¿pensaría cómo sacar provecho de los tallarines que Marco Polo había traído de China, cómo transformar el espagueti de adorno a comestible?”.
Esta es la cocina de Arcelia Ayup encomendada a San Pascualito Bailón, y la que hace desde el alma, porque así lo comenta: “Confieso que he comido”. Libro para paladares que gustan del condimento literario.
Israel Morales
Publicado en Milenio, 10 de marzo de 2012
Evocaciones del sabor y del alma, Placeres gastronómicos, Arcelia Ayup Silveti, Editorial Jus, 2011
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