La urbe, el espectáculo y el consumo
Si la urbe contemporánea es el espacio de incertidumbre devenido de la convivencia entre extraños cada vez más extraños pero también cada vez más parecidos, más uniformados y estandarizados; si en la sociedad del espectáculo, del consumo y de la inmediatez donde toda esfera social se transforma en un cliché rentable y el “consumo luego existo” es la tónica a seguir según la oferta y la demanda; si la absurda posesión de lo innecesario hasta el hartazgo en medio de una sociedad desigual se manifiesta en las múltiples divisiones al interior de la urbe, reflejo de la dualidad disyuntiva grupo-individuo, entonces no hay intercambio de ideas, ni tiempo para el buen ocio (en griego “scholé”, de donde viene la palabra “escuela”) donde se gesta la cultura, dejando atrás (y amenazando con proyectarse hacia delante) una sociedad pasiva, aletargada y desgastada que tiene pocos momentos, espacios y fuerzas para el pensamiento, la cultura y la ciencia.
Las construcciones urbanas para la vialidad que no hacen otra cosa que exacerbar la inviabilidad, el arte y el pensamiento que se han vuelto objeto de cambio, la marcha que protesta y el graffiti que transgrede el espacio han reaparecido como productos sumamente rentables de un discurso mediático unilateral donde todos somos o consumidores u objetos de consumo. Podemos decir que se ha instaurado la hecatombe de todo aquello que nos hace más humanos.
En tal condición de la ciudad, donde se han roto los vínculos entre cultura y vida, entre grupo e individuo, entre individuo e individuo, ahí donde el discurso monológico se impone como tendencia global, el diálogo prorrumpe como gozne ineluctable para reflexionar sobre la sociedad de consumo y el espectáculo, en la que está en juego, no sólo la cultura, sino la propia supervivencia del ser humano. Por ello, Editorial Jus aporta un espacio coyuntural para que la palabra y el diálogo sean luces del conocimiento y de la realización del individuo.
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