Pequeña y mediana industria
Raúl Lara
Antes de pasar a cuestiones históricas, resulta necesario aclarar qué son actualmente, lo que significan, y cuál magnitud tienen las pequeñas industrias o empresas y las medianas. Las primeras son aquellos negocios dedicados a la producción, los cuales tienen en sus filas entre 11 y 30 trabajadores o generan ventas anuales superiores a 4 millones y hasta 100 millones de pesos.
Se trata de empresas independientes, creadas para ser rentables con lo que producen. Tienen como principal objetivo dedicarse a la producción, transformación y prestación de servicios para satisfacer determinadas necesidades en la sociedad.
Éstas representan, según la Secretaría de Economía, más del 3% del total de las empresas y casi el 15% del empleo en el México, asimismo producen más del 14% del Producto Interno Bruto (PIB).(1)
Por otra parte, las segundas, las medianas empresas o industrias, son los negocios dedicados al comercio que tienen desde 31 hasta 100 trabajadores, y logran generar al año ventas que van desde 100 millones hasta 250 millones de pesos. Éstas tienen la oportunidad de desarrollar su competitividad con base en el mejoramiento de su organización y procesos, así como con la optimización de sus habilidades empresariales.
Este tipo de empresas poseen un nivel alto de complejidad en temas de logística y control, por lo que deben contar con personal que pueda asumir funciones de coordinación, control y decisión de una forma eficiente. Esto implica redefinir el punto de equilibrio y aumentar simultáneamente el grado de compromiso de la empresa. La Secretaría de Economía señala que éstas representan casi el 1% de las empresas del país y casi el 17% del empleo, aparte de concebir más del 22% del PIB. La conformación de ambas empresas o industrias (pequeña y mediana), a lo largo de la historia del país, ha generado diferentes programas y apoyos para su pleno desarrollo dentro de la economía del país.
A partir de mediados del siglo XX, surge en México una política industrial preocupada por impulsar la pequeña y mediana industria, por lo que se comenzaron a crear programas de apoyo a estos sectores económicos, así como de protección y fomento. Se pensaba que la pequeña y mediana industria serían los elementos principales y determinantes para el desarrollo del país, por la capacidad de éstas para generar empleos, principalmente en un nivel local y regional, como en el caso del Distrito Federal, en donde se crearon zonas industriales en la periferia de la ciudad.
Principalmente la pequeña industria era considerada como fuente de desarrollo económico del país, por la baja inversión en recursos y maquinaria. Como menciona Mauricio de María y Campos “la política de fomento a las MIPYMES tuvo su inicio institucional en los años cincuenta, cuando se creó en 1953 el Fondo de Garantía y Fomento para la Pequeña y Mediana Industria (FOGAIN) con el objeto de apoyar a estas empresas con créditos preferenciales garantizados por Nacional Financiera (NAFIN)”.(2)
Tanto en el sexenio de Luis Echeverría como en el de José López Portillo, fue importante el desarrollo industrial debido al gran momento del sector petrolero. Debido a esto de 1976 a 1981 se generó el crecimiento económico impulsado por las inversiones energéticas y por el financiamiento industrial, incluyendo su profundización a través de la creación de modernas instalaciones productoras de bienes de capital, de petroquímicos y de componentes automotrices. En este periodo de resurgimiento económico se generó, en 1970, un aumento de créditos externos, lo que ocasionó que la deuda externa mexicana ascendiera a 6 mil millones de dólares y para 1981 a los 70 mil millones.
La política de industrialización que vivió México durante este periodo tuvo como principal objetivo la sustitución de importaciones por medio de la inversión pública y de proyectos del sector industrial paraestatal, pero también mediante el fomento de la inversión privada y estímulos fiscales, financieros e institucionales.
La participación del Estado en las inversiones se incrementó en un 56% en el año de1975, y las inversiones públicas pasaron, en el período 1970-1975, del 6.8% del Producto Interno Bruto (PIB) al 10.9%. Al mismo tiempo que sucedía lo anterior, se buscaba promover la inversión privada nacional, con la política de protección, los decretos de descentralización industrial, los programas de fabricación, y los programas de apoyo de Nacional Financiera, con sus fondos de fomento ayudados por el Fondo Nacional de Equipamiento Industrial del Banco de México.
En la siguiente década la industria nacional enfrentó problemas que mermaron su desarrollo y la continuidad que venía siguiendo en años anteriores. La crisis petrolera, la devaluación del peso, el paso de la banca mexicana a manos del Estado en 1981, y la difícil situación económica global provocaron que los créditos extranjeros y los ingresos petroleros, que ayudaban al desarrollo económico, disminuyeran. Sin embargo, el apoyo a la pequeña y mediana empresa se amplió por medio del Programa de Apoyo Integral a la Industria Mediana y Pequeña (PAI) de Nacional Financiera; los resultados de esta acción se reflejaron en el aumento del empleo.
De 1982 a 1988, el PAI de Nacional Financiera desempeñó una función relevante, ya que ayudó a mantener la producción y el empleo en ese momento difícil que México atravesaba. Como señala Mauricio de María y Campos, el programa integró a FOGAIN, FOMIN, FIDEIN, FONEP, INFOTEC e incluso al FONATUR (Fondo Nacional de Fomento al Turismo) y a MINOMET (Minerales No Metálicos Mexicanos). Se coordinó también con FONEI y FOMEX, los fideicomisos de fomento del Banco de México y con el Programa de Riesgo Compartido de CONACYT. Es destacable que entre los objetivos del PAI estuvo siempre la difusión de información técnica y los enlaces tecnológicos (a través del INFOTEC), la asistencia técnica, la capacitación y la canalización de recursos a la investigación y el desarrollo tecnológico.(3)
En esta misma década hubo una proliferación importante de negocios e industrias pequeñas; el incremento se interpretó como el resultado de que la capacidad de la industria manufacturera era menor que años anteriores, sin embargo, esto no traía consigo un aumento de empleos formales y remunerados. A pesar de ello, en el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, que comprende parte de esta década, y de la de los noventa, la pequeña y la mediana empresa adquieren una prioridad, ya que en tal periodo se fortalece el marco normativo e institucional para que la obtención de los apoyos necesarios para su desarrollo. De 1991 al 1994 se desarrolla el Programa para la Modernización y Desarrollo de la industria Micro, Pequeña y Mediana, el cual tenía el propósito de enfrentar y lidiar las dificultades operativas y de mercado así como ayudar a favorecer la instalación, operación y crecimiento de estas empresas.
La finalidad de este programa era ayudar al desarrollo integral de estas industrias y ayudar al crecimiento de las ciudades pequeñas y medianas; al respecto Guillermo Olivera menciona que el programa tenía que “agilizar la adquisición de insumos, la producción y la distribución de mercancías; consolidar el mercado interno y elevar la participación en el mercado externo. Un aspecto importante es que en su presentación, este programa considera que la MPI es parte esencial de la planta productiva y que, dada su ubicuidad territorial, su actividad es decisiva para el desarrollo e integración regional, principalmente en ciudades de tamaño medio y pequeño y que son muy importantes para mejorar la distribución del ingreso. Es decir, se vincula el impulso de la MPI con la descentralización administrativa y con la desconcentración territorial de la industria”.(4)
Fue en la década de los noventa que las políticas de fomento industrial en nuestro país llevaron a cabo acciones que trataron de poner mayor atención a la micro, mediana y pequeña empresa, ya que por ejemplo en la década anterior se seguía dando prioridad a la gran industria, con programas enfocados a lo financiero, al comercio exterior y laboral.
En esta década existió una menor tendencia hacia el ámbito internacional en cuanto a lo empresarial, predominó la política macroeconómica sobre la microeconomía, la cual buscaba estabilidad, y ayudó más a los especuladores que a los productores y a los empresarios innovadores y jóvenes que proponían una nueva visión empresarial en el territorio mexicano; estimuló las perspectivas de corto plazo sobre los horizontes de largo plazo, indispensables para la investigación y el desarrollo tecnológico. Muchos jóvenes tenían propuestas industriales y empresariales frescas y renovadas que permitirían lograr un mayor desarrollo en el ámbito económico, pero los apoyos, a pesar de haber varios programas para ello, no eran suficientes o no cubrían las demandas para el crecimiento esperado.
En la década de los noventa y los primeros años del siglo XXI, como bien apunta Olivera Lozano, “la desregulación y la reducción del papel del Estado en la economía se conjugaron también con la preocupación por el equilibrio fiscal para contraer la inversión pública, eliminar subsidios y restringir las instituciones que no fueran autofinanciables. Este entorno adverso del lado de la oferta se combinó en años recientes con un modelo abierto, exportador, altamente dependiente de las inversiones extranjeras directas y de las empresas maquiladoras de exportación, que si bien generó un elevado volumen de empleos y estimuló la competitividad y la calidad, rompió cadenas productivas y desincentivó la incorporación de materias primas, componentes, servicios y tecnologías nacionales”.(5)
Actualmente continúan los programas que intentan apoyar a la pequeña y mediana empresa que se desarrolla en la ciudad de México, en la cual los jóvenes empresarios y emprendedores tienen importante presencia. Los jóvenes de entre un rango de 20 a 30 años buscan alternativas para su crecimiento económico a falta de ofertas de empleo y oportunidades académicas. Al margen de los denominados ninis, se encuentran aquellos que buscan una iniciativa propia a falta de oportunidades estables en el mercado laboral. Muchos de ellos optan por crear una micro empresa, la cual, si logra tener impacto en el mercado, puede llegar a convertirse en una pequeña, y después, por qué no, en una mediana empresa generadora no sólo de más productos sino de más empleos.
Para apoyar estas iniciativas en los jóvenes empresarios el gobierno del Distrito Federal a través del Instituto de Ciencia y Tecnología (ICyTDF), ha desarrollado el Programa de Consorcios Exporta PyMES,(6) el cual ayuda a que las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) puedan exportar su producto y así mantener su crecimiento económico. Dicho programa retoma la experiencia de las PyMES italianas, las cuales lograron un importante impacto en la economía de Italia y provocaron que la Organización para las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) adquiriera su metodología para llevarla a otros países que necesitarán un impulso de esa índole dentro de sus economías locales.
Por estos resultados obtenidos en aquel país europeo, el gobierno de la ciudad de México, con ayuda del ICyTDF y en colaboración con la Cámara Italiana de Comercio en México y la ONUDI, han desarrollado este programa, el cual tiene como objetivo principal establecer vínculos estrechos entre gobierno, empresas e instituciones internacionales para impulsar la oferta de exportación de sectores tecnológicos en el Distrito Federal hacia los mercados internacionales que pueden ser consumidores de lo producido en el territorio mexicano.
Desde 2010 se lleva a cabo esta iniciativa del gobierno de la ciudad. La primera etapa del programa consistió en un acercamiento a más de 150 empresarios en Iztapalapa, Azcapotzalco, Vallejo y Xochimilco, expuso las ventajas de constituir Consorcios de Exportación. Después de ello se impartió un taller donde se transferiría la metodología mencionada y, por último, se formaron consorcios. Este programa ha dado prioridad a sectores como las tecnologías de la información y la comunicación, tecnologías verdes, energías alternativas y alimentos tradicionales.
El Dr. Julio Mendoza Álvarez, director del ICyTDF, señala que para el Instituto apoyar este tipo de programas demuestra que el conocimiento genera riqueza para la ciudad de México, y que por lo tanto se debe apoyar generando este tipo de iniciativas, “el gobierno quiere mostrar que el conocimiento puede generar riqueza que se traduzca en el corto y el mediano plazo en la generación de industria y tecnología, y a su vez en más empleos con mejor remuneración”.
Con la creación de Consorcios de Exportación, los jóvenes empresarios del Distrito Federal logran que los riesgos de exportar sus productos sean menores, ya que se garantiza que éstos tendrán un mercado en el extranjero donde puedan venderse. Esta apertura de mercado para sus productos genera una certidumbre de ventas que permite la constante elaboración de sus productos, lo que, a sus vez, conlleva un crecimiento económico, no sólo del joven empresario sino de la misma ciudad y del país.
La formación de este tipo de consorcios se ha realizado de manera exitosa en países como India, Marruecos y Perú; en México también se ha desarrollado en el estado de Jalisco en donde dio como resultado la creación de 20 consorcios. Estas iniciativas constituyen una alternativa para la creación de oportunidades laborales en la ciudad de México, la cual, debido a su crecimiento demográfico cada vez más acelerado, oferta cada vez menos espacios laborales estables para los jóvenes.
Corrupción y transa
Retos a vencer
En muchos casos, las dificultades para impulsar y obtener resultados positivos dentro de la pequeña y mediana empresa, sin el apoyo de programas como el antes mencionado, lleva a los empresarios a la transa, para lograr sus objetivos económicos y productivos sin tantas dificultades; esto remite a la famosa frase “el que no transa no avanza”. Transa es la apócope de transacción, y de aquella se ha derivado el verbo transar que significa participar de negocios o acuerdos inmorales. También, apoderarse del dinero o bienes de una persona mediante engaño.
Cuando se habla de transa en México, nos remite a asuntos económicos, y nos referimos a los acuerdos corruptos, negociaciones inmorales, operaciones no éticas. Dentro del ámbito económico del país, la transa está presente constantemente como un elemento para lograr acuerdos y permitir el crecimiento ilegal, en este caso, de empresas. En algunas ocasiones, la irregularidad de documentos, la falta de permisos, o simplemente la agilización de trámites para una empresa da pie a que los problemas y dificultades se resuelvan por medio de la transa. Estas irregularidades en el proceso habitual de los trámites o permisos para establecer una empresa suelen afectar a terceros de forma directa o indirecta.
Claro ejemplo de ello fue el caso que se dio a conocereste año, a una mayor escalade las empresas a las que nos referimos en este artículo, de una empresa que realizó tratos ilícitos por más de 24 millones de dólares para obtener permisos y lograr la apertura de sucursales en México. La apertura de más sucursales de esta empresa si bien generaría empleos también perjudicaría al pequeño comerciante del mercado tradicional del país. En la pequeña y mediana empresas también se genera este tipo de actividades ilícitas, primordialmente en aquellas que necesitan tener acceso a un mercado más amplio. Esto crea una competencia desleal con las demás empresas o industrias que se encuentran en el mercado de forma regular y legal.
La estabilidad y continuidad industriales y tecnológicas, dentro de un horizonte a largo plazo en las pequeñas y medianas empresas, debe demandar y premiar la innovación por medio de programas que alienten y ayuden al impulso de estas empresas. Como apunta, Olivera Lozano, “para fines de política industrial, resulta fundamental considerar los atributos que tienen los distintos tamaños de industria, los traslapes que se presentan en su funcionamiento, y el efecto de arrastre que, para el desarrollo regional y de ciudades específicas, tiene una industria integrada por unidades con fuertes vínculos productivos locales, y reinvertir sus excedentes para favorecer un mayor crecimiento económico y un mayor desarrollo social”.(7) La problemática se acentúa en este tipo de empresas porque, por definición, se encuentran en desventaja frente a las grandes, tanto nacionales como extranjeras, y son más vulnerables frente a los cambios constantes en políticas económicas que se generan en México.
(3) Ibid. pp. 21-22.
(5) Ibid. p.56.
(7) Guillermo Olivera Lozano, op. cit. p.99.













