Poesía y dramaturgia:
Entre el foro y el público
Hablar del teatro mexicano de los años cincuenta requiere la mención del movimiento Poesía en voz alta. La necesidad renovadora de ese entonces lo provocó la aparición en 1955 de este movimiento escénico de carácter experimental auspiciado, en un principio, por la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM, dirigida por Jaime García Terrés. Se buscaba la apertura de nuevos espacios para la difusión de la cultura. Los integrantes del grupo provenían de diferentes disciplinas artísticas, no sólo de profesionales del arte dramático. Había escritores, actores, dramaturgos, pintores y músicos.
Los primeros directores del grupo fueron Juan José Arreola (1918-2001) y Octavio Paz (1914-1998), mientras que Margit Frenk (1925) y Antonio Alatorre (1922-2010) fueron los consejeros literarios del Siglo de Oro español. Otros escritores se unieron después, como Elena Garro (1920-1998), León Felipe (1884-1968), Juan García Ponce (1932-2003), María Luisa Mendoza (1930).
Leonora Carrington (1917-2011), Juan Soriano (1920-2006), Héctor Xavier (1921-1994), entre otros artistas plásticos, se encargaban de la escenografía y el vestuario. Joaquín Gutiérrez Heras (1927-2012), Leonardo Velázquez (1935), fueron algunos de los músicos, integrantes al movimiento. El teatro El caballito, el Teatro moderno y La casa del lago fueron los principales recintos en los cuales se hicieron los montajes. De 1956 a 1963 se presentaron ocho programas.
![]() Juan José Arreola |
![]() Octavio Paz |
El propósito era regresar a los orígenes del teatro. Suprimieron los artificios para que la palabra tuviera todo el peso en la obra. La innovación y la falta de solemnidad fueron características del movimiento. Se rompió la rigidez del teatro realizado hasta ese momento, el teatro experimental se enfrentaba al teatro comercial. Autores importantes de esa década son Emilio Carballido (1925-2008), Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), Sergio Magaña (1924-1990), Hugo Argüelles (1932-2003), Luisa Josefina Hernández (1928), Vicente Leñero (1933).
Después del impacto generado por la actividad del grupo Poesía en voz alta, en la década de los sesenta se consolida la denominada generación del cincuenta, e incorporan al movimiento nuevas vanguardias como el teatro épico de Brecht (1898-1956), el teatro del absurdo de Beckett (1906-1989) y el teatro de Ionesco (1912-1994). En este periodo destacaron obras como Los cuervos están de luto (1960) del dramaturgo Hugo Argüelles, la cual critica la clase burguesa de provincia con utilización del humor negro. También La calle de la ocasión (962) de Luisa josefina Hernández. Hacia finales de la década, con los acontecimientos en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, algunos temas teatrales abordaron aspectos sociales, influidos por el teatro de Brecht tanto en lo estructural como en lo temático.

Los cuervos están de luto, Hugo Argüelles
A partir de 1970, surge el Nuevo teatro popular siguiendo la tendencia de los últimos años de la década anterior. Se formaron colectivos que hacían representaciones en las calles con el fin de llevar un mensaje social a un mayor público, el cual no tenía acceso a ese tipo de cultura. El objetivo era lograr un cambio social. También aparecieron el Teatro Conasupo y Arte escénico popular, los cuales se encargaban de asesorar a grupos minoritario de zonas periféricas, campesinas e indígenas, ampliando las posibilidades de acercamiento a este arte.
Los dramaturgos mas representativos de la generación siguiente, denominada Nueva dramaturgia mexicana son Víctor Hugo Rascón Banda (1948-2008), Óscar Liera (1946-1990), Sabina Berman (1955), Otto Minera (1948), Ignacio Betancourt (1948). Con la producción de esta generación comenzó la década de los ochenta. La crisis del país afectó el ámbito teatral, diversas instituciones y centros de estudio dejaron de recibir apoyo pero hubo un surgimiento importante de dramaturgos. Obras de este periodo fueron El candidato de Dios (1986) de Luis G. Basurto (1929-1990), Debiera haber obispas (1954) de Rafael Solana (1915-1992), y Rosa de dos aromas (1989) de Emilio Carballido. También destaca la producción desarrollada por Vicente Leñero en este periodo. El teatro creció cuantitativamente pero su calidad fue irregular. Se descentralizó la producción del teatro y la producción teatral tuvo cabida en otros estados como Veracruz, Puebla, Nuevo León, Morelos, Sonora.
![]() Emilio Carballido |
Los años noventa representaron en el teatro mexicano una mezcla entre el teatro de arte y el comercial. Algunas obras cayeron en la simpleza. La ausencia de público fue una determinante para que la producción se centrara en atraer auditorio y no para producir obras de calidad. A finales de la década se formularon cambios puestos en práctica en el presente siglo.
El arte dramático actual tiende a romper con el espacio escénico; el espectador es incluido en la obra o el actor se vuelve parte del público. Si bien las obras se montan en un espacio específico, no se trata de representaciones clásicas en donde el espectador es pasivo. El teatro de cabaret es la vertiente escénica en la cual se habla de los problemas actuales del país de manera directa. No se han excluido las enseñanzas clásicas del teatro, éstas se retoman y se llevan al presente. El fin es encontrar formas nuevas para hablar de México y hablar de la realidad nacional pero no estancándose en una tradición, como señala Estela Leñero quien afirma que la globalización en las comunicaciones representa un factor para que los dramaturgos estén en constante actualización de las tendencias internacionales, lo cual evita detenerse en una tradición, pero también provoca un distanciamiento de la realidad inmediata. Los espacios para la representación son diversos; van de foros, bares, plazas, casas, hasta bodegas; son espectáculos que pueden tener una estructura cerrada, abierta, improvisada, participativa o performática, en cada caso se dirigen a un público específico.

Teatro-bar El vicio
La segunda mitad del siglo XX mexicano fue un periodo enmarcado por cambios sociales, económicos y políticos, los cuales influyeron en el desarrollo de la cultura actual de México. La diversidad de tendencias en todas las vertientes del arte nacional es el reflejo de las transformaciones enfrentadas por el país en todos sus niveles.
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