Ramón Xirau: hombre-puente, hombre-búho

Ramón Xirau
Adolfo Castañón
Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua
En abril de 2010, durante la entrega del IX Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en el Aula Mayor de El Colegio Nacional, se reconocieron la obra y la trayectoria de la poeta uruguaya Ida Vitale, y del poeta mexicano de origen catalán Ramón Xirau. Para destacar la escritura de este último, Adolfo Castañón pronunció el discurso que Justa reproduce aquí, para sus lectores.
A nombre del jurado de la IX edición del Premio Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz; a nombre de Pere Gimferrer, Malva Flores, Sergio Mondragón, Enrico Mario Santí y en el mío propio, saludo a Ramón Xirau con motivo de la entrega justificadísima de este nuevo galardón, el Premio Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz, en esta fecha cercana al 12 aniversario luctuoso de su amigo, el autor de Piedra del sol quien le escribió este poema:
Por la calle de Galena (*1)
A Ramón Xirau
Golpean martillos allá arriba
voces pulverizadas
Desde la punta de la tarde bajan
verticalmente los albañiles
Estamos entre azul y buenas noches
aquí comienzan los baldíos
Un charco anémico de pronto llamea
la sombra de un colibrí lo incendia
Al llegar a las primeras casas
el verano se oxida
Alguien ha cerrado la puerta alguien
habla con su sombra
Pardea ya no hay nadie en la calle
ni siquiera este perro
asustado de andar solo por ella
Da miedo cerrar los ojos
El poema que Octavio Paz dedica a Ramón Xirau termina con unos versos enigmáticos y estremecedores: “Da miedo cerrar los ojos”. El miedo a que alude Octavio Paz es un pavor a algo que va más allá de la soledad, el miedo a las “voces pulverizadas”, a la línea “entre azul y buenas noches donde comienzan los baldíos”, es el miedo a ese espacio vacío, a ese limbo donde los perros se asustan de andar solos. Escribir el poema es abrir los ojos para poder ver cómo la sombra de un colibrí es capaz de incendiar “un charco anémico que de pronto llamea”. Ramón Xirau a su vez le ha dedicado a Octavio Paz algunos poemas: uno, “Playa del mundo”, incluido en el libro Les Platges [Las playas] (1974), y el otro titulado “Casa”, fechado y dedicado en agosto de 1994 en el que se refrenda y afirma esa amistad diamantina:
Casa (*2)
A Octavio Paz, agosto 94
Tu casa
mía la hora
en los jardines
en los jardines
Tuya la corteza de tu nombre
en los jardines
en los jardines.
Mío el mar
tu hora
en los jardines de la vida
en los jardines.
Este acto se realiza bajo el signo de una poderosa conjunción, Octavio Paz y Ramón Xirau unidos ahora, después de la amistad leída, escrita, tejida y vivida entre líneas bajo el signo del Premio Internacional que la Sociedad de Amigos del primero discierne en México.

La conjunción tiene dos aspectos: uno público y forense, otro íntimo y privado y en el entre se alza la pregunta: ¿dónde anda dios escondido en todo esto, dónde se guarda el deus abscondito? Eso es lo que se pregunta el poeta a la orilla de la palabra, en el ámbito privatísimo de la contemplación poética o filosófica.
Ramón Xirau fue el primero en incluir un ensayo sobre Octavio Paz en un libro suyo, en Tres poetas de la soledad (1955), publicado cuando el poeta mexicano apenas tenía 41 y él mismo diez menos, 31, situándolo en compañía de poetas mayores como José Gorostiza y Xavier Villaurrutia. Es, además, el autor de Octavio Paz: el sentido de la palabra (1970), uno de los primeros libros -si no el primero- en intentar abordar la obra íntegra de Octavio Paz.
El joven filósofo y poeta nacido en la ciudad de Barcelona el 20 de enero de 1924 y llegado a México en 1939 perdió a su padre y maestro Joaquín Xirau Palau en 1946. Han oído ustedes bien: Ramón Xirau tuvo la fortuna de ser hijo y discípulo de su padre, colaborador y póstumamente seguidor de ese pensador comprometido con la comprensión de la razón amorosa que fue el autor de Amor y mundo, cuyo apellido por cierto debe remontarse a los tiempos de lo que el historiador británico John Elliot ha llamado La revuelta de los catalanes. El nombre de Joaquín Xirau Palau es el de uno de los filósofos españoles que mejor ha dejado constancia de su conciencia de pertenecer a la corriente intelectual de la Escuela Libre de Enseñanza fundada por Francisco Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos y de cuya memoria se podría considerar depositario a través del libro sobre Manuel B. Cossío y la educación en España que le editó El Colegio de México, hace exactos 65 años, en 1945. En el aire nativo y en la actitud originaria esas ideas de la Escuela de Libre Enseñanza -que fueron como el germen de la República Española- envolvieron la formación de Ramón Xirau y forman parte de su herencia y de su presencia. Tal vez eso dé cuenta de la universalidad de la obra filosófica de Ramón Xirau, desvelada por la verdad, alzada y sostenida por el entusiasmo intelectual que lo ha llevado a vivir la historia de la filosofía como una aventura personal y dar la cara interior y el cuerpo de la mente por las ideas que atraviesan y definen nuestra vacilante edad. El niño Ramón -bautizado con el nombre del asombroso Lulio- tuvo contacto con las letras desde fechas muy tempranas. El mismo ha dicho en alguna entrevista que aprendió a leer en las rodillas de su padre -algunas páginas de Don Quijote- y en los brazos de su madre las voces cantarinas del catalán, en aquella Barcelona de fines de los años veinte y principios de los treinta: su lengua materna fue el catalán, la lengua de Joan Maragall, noble y prestigioso idioma descendiente del occitano que hablaron y cantaron los trovadores y aún el mismo Dante -una de las figuras más queridas de este querido maestro.
Como poeta Ramón Xirau ha sido fiel a esta lengua en que desde su juventud escribe, contempla, piensa y canta. Ramón Xirau ha tenido siempre tendidas y tensas, atentas y tersas las cuerdas del laúd y las de la ballesta. Quisiera recordar aquí que en el año de 1946 en la revista Tierras Latinas [Terres Latines] (*3) dirigida por Jean Camp y Robert Escarpit, el joven Ramón Xirau -tenía 22 años- publica unos versos titulados “Esos mares del mundo” donde se reconocen ecos de Paul Valéry y de Saint-John Perse y, desde luego, los acentos de la poesía catalana que siempre lo ha acompañado.
Esos mares del mundo, Señor, que canten
peinados de sol, de vientos, de tempestad
por esas luces, Señor, de nieve que se adelantan
hacia la gruta de mi sueño llenos de alas
Esos aguijones de luz sobre la montaña,
que las lluvias doradas tuercen en la noche…

La amistad entre Ramón Xirau y Octavio Paz podría abarcar y nutrir un robusto libro. Esa amistad gira en torno a la doble pasión del pensamiento y de la contemplación, a la pasión por la contemplación del pensamiento como una fuerza estética vital y ética, que es un hacer, un pensar con las manos, para evocar la figura de Denis de Rougemont traducido por Xirau y su padre. Entre las líneas de ese doble pensar -pensar con la mente y pensar con el corazón- se dibuja la figura intacta e intocable de lo sagrado, que es uno de los espacios en que se mueve este devoto de Palas Atenea y de Jesús, el Cristo.
Octavio Paz lo llamó con tino: hombre-puente. Y vaya que Ramón Xirau lo ha sido desde los tiempos de la escuela de Mascarones (casa que era por cierto un palacio) hasta la actualidad pasando por las estaciones de la revista Diálogos, fundada y sostenida por él y auspiciada por El Colegio de México y luego de las revistas Plural y Vuelta animadas por ese amigo magnético que fue Paz.
Creador de puentes Xirau ha sido el acertado amigo de todos, el convivial confidente, el estandarte de un diálogo transatlántico entre las diversas escuelas filosóficas, el maestro elegante de tirios y troyanos, el fiel y principesco acompañante de la poesía en la intemperie del exilio y del pensamiento español en el destierro, al tiempo que ha sido el espectador activo y comprometido de la cultura hispanoamericana y uno de esos raros hijos conscientes de lo que Simón Bolívar llamó la Patria Grande y otro filósofo catalán, la ecumene hispánica. Amado maestro -créanme no hay otra palabra- de varias decenas de generaciones de estudiantes de filosofía, de literatura, de historia del pensamiento, autor de uno de los libros más leídos y vendidos de la historia editorial mexicana (su famosa introducción Historia de la filosofía), autor también de numerosas reuniones de ensayos en torno a la poesía y lo sagrado, y de una concentrada obra poética escrita -cincelada- en catalán, Xirau, es el crítico e intérprete de una espiral magnética de poetas, como muestra el libro antológico, es decir, libro de libros titulado Entre la poesía y el conocimiento, que tuve la fortuna de preparar en colaboración con Josué Ramírez (*4), donde se reconstruye una suerte de historia de la lírica hispánica en contraste con la luz conceptual que se desprende de la escritura poética. Como poeta, Xirau ha sabido dibujar con cristalino lápiz ese momento tenso e inmóvil, inasible llamado presente, caja de sorpresas que es uno de los polos decisivos de su empresa intelectual. Tal lápiz, dibuja, cincela en catalán, al tiempo que el ensayista y el filósofo navegan el océano del pensamiento y del mundo en el idioma austero de Antonio Machado y de su inolvidable “profesor apócrifo” -para evocar a Alejandro Rossi- Juan de Mairena. Xirau se ha desempeñado también desde la lengua castellana como el admirable e imprescindible editor -de nuevo el constructor de puentes- a través de la revista Diálogos.
Diálogos es una lección sinóptica de interdisciplinariedad y de conocimiento transversal entre las ciencias exactas y las humanas, entre la poesía y el pensamiento, entre la física y como decían los positivistas la física social, es decir, la sociología, la ciencia política y la historia.

La imponente figura de este hombre -búho- llamado Ramón Xirau parece disimularse en la amable modestia de un profesor discreto que viene susurrando en voz baja su enseñanza desde muy lejos en el tiempo y en el espacio sin perder nunca el sentido común, el sentido humano, el sentido del humor, la ironía del que parece saber por qué cantan los pájaros y de qué se ríen las hienas.
Maestro amoroso y amable, Xirau es también un crítico severo y ante todo un lector acucioso como un médico, un lector comprometido singularmente con el hecho verbal, con la experiencia del poema y de su sentir consciente.
Si en el camino de Ramón Xirau este momento es un punto luminoso, a nosotros nos obliga, nos permite quitarnos el sombrero y la máscara para saludar en la transparencia de este Gran Vidrio que es el Premio de Poesía y Ensayo Octavio Paz, sus vidas paralelas: hacia dentro de sí mismo, a través de la contemplación poética y filosófica; hacia fuera en la hermandad, con el poeta y el hombre de ideas llamado Octavio Paz, tanto como con los miembros de su familia electiva. Esa hermandad es el sello que rubrica este acto necesario.
Notas
*1: Octavio Paz, “Por la calle de Galeana, en Vuelta (1969-1975), Obra poética II (1969-1998), Obras completas, t. 12, México, Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica, 2004, pp. 24-25.
*2: Ramón Xirau, “Casa”, en Poesía completa (edición bilingüe, traducción Andrés Sánchez Robayna), México, Fondo de Cultura Económica/unam, 2007, p. 457.
*3: Terres Latines. Revue de Culture et d’ Amitié franco-hispano-américaine. Sous le patronage de l’Institut Français de’ Amérique Latine, Revue de l’I.F.A.L. Directeur: Jean Camp. Rédacteur en Chef: Roberto G. Escarpit. México, Agrégé de l’Université, 1946, p. 218
*4: Entre la poesía y el conocimiento, Antología de ensayos críticos sobre poetas y poesía iberoamericanos (prólogo de Adolfo Castañón, selección de Josué Ramírez y Adolfo Castañón), México, FCE, 2001.
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