Vida en luz hecha vida, de Luis Fernando Brehm
Francisco Prieto
Vida de luz hecha vida fluye desde una intensa experiencia poética que se va desgranando en poemas serenos y luminosos que toman asiento en la madurez asumida por el poeta. Hay un momento privilegiado en la existencia de algunos hombres y de algunas mujeres que marca una situación singular: es cuando el poeta sabe que, por fin, se ha asumido; la conciencia de que a partir de entonces parasitará un presente permanente. Se le revela, entonces, la luminosidad de la vida que ha cobrado todo su sentido. Finalmente, el artista presiente que habrá de desgastarse sólo materialmente hasta el silencio final al que se encamina con miedo y esperanza. El miedo de quien ha amado su vida, de quien sabe que habrá de llegar la despedida y la disolución en la noche rodeado de los seres amados que lo acompañaron y que lo precedieron. Resiente, empero, la esperanza que termina por exorcizar el temor, porque la luz que ha descubierto en sí mismo procede de la vida y en la experiencia poética se ha tornado la vida perdurable. El amor a la vida ha dado, finalmente, sustancia a lo cotidiano, vuelto una unidad el pasado. La vivencia oceánica que dio lugar al poema resiente ahora, amorosamente, el fin que no será sino un principio permanente, y él, un ser en sí mismo con aquellos con quienes se fraguó su existencia.
Este libro de Luis Fernando Brehm es, en rigor, un viaje sobre las más diversas tonalidades de la luz, y todo él, una especie de presente perpetuo en que el poeta se va desdoblando del yo mismo al yo otro, y de este, al yo mismo anulando ya, paradójicamente, todo movimiento. El movimiento es, en realidad, una ilusión pues el devenir se ha despojado de sentido. Esta relación dialéctica heráclito-parmenidiana es contradictoria sólo en apariencia: el devenir se consuma en el fuego purificador; el ser es uno e inmóvil sólo después de haber transitado diversos estados de inocencia. Entonces, cobra conciencia de que salvarse es haber hecho la potencialidad de la sustancia antes cubierta por un velo inefable.
Si al ser es connatural la muerte, lo es desde la presencia de la vida. Llegar a puerto es haber iluminado el trayecto de manera que el punto final se engarza con el comienzo en una epifanía sagrada. El poeta dice, con el Apóstol, “muerte, ¿dónde está tu victoria?”.
“Pájaros de sol de invierno”, canta el primer verso del poema inaugural de este libro de Brehm, anunciando el encuentro y la comunión de contrarios, de modo que nos hace sentir el resplandor del ser al consumarse, en unidad perfecta, los Trascendentales que unen a todos los místicos no importa de qué religión. En rigor, este poemario de Luis Fernando Brehm es una real comunión, cuando la criatura hace en sí la belleza que refiere a la bondad y a la certidumbre de la verdad. Como un virus, se nos mete en la sangre una verdad sobrecogedora: lo que no ha estado unido desde un principio no lo estará jamás. Por ello, el poeta se pregunta:
¿quién habrá fundado a quién?
¿la vida a la palabra o la palabra
a la vida?
¿gestación o encuentro?
Como en los mayores poemarios, la palabra conduce al silencio, y la permanencia en el silencio desvela la eternidad, revuelve los tiempos en un vuelo frenético que no tiene fin. Así se advierte en “Acuarela de silencios”:
¡Qué solos están los pájaros
después del viento!
Llenos de silencios
sacuden las alas del tiempo
un silencio de agua
cae sobre la tarde
Pronto nos hemos dado cuenta de que Luis Fernando Brehm es un pariente de Juan Ramón Jiménez. Pertenece a una estirpe de poetas que ilumina la noche oscura del alma y sabe que “si tiempo, espacio y movimiento, todo duele, no la vida sino el cuerpo”. En realidad, la criatura, como el soneto, decía Juan Ramón, es infinita en la limitación de sus orillas. Y Vida de luz hecha vida se reconcentra, por ello, en un poema mayor (“Para qué”), no sólo dentro del libro, sino uno de los poemas más entrañables que yo recuerde y haya vivido en lengua castellana:
¿Para qué tanta tierra
si somos de otra parte?
a pesar de los fuegos de artificio
y el papel picado
de los enamoramientos
del paisaje y de la piedra
del mole verde y la capirotada
el canto de las olas
la risa de los niños
la música el vino
la mujer y los amores
¿para qué tanta tierra
en esta sala de espera
hacia la utopía
al espacio de las calmas
de azul y verde
a la casa del sol la luna los astros
al jardín de los espíritus
ya vueltos carne
al encuentro del banquete
y con amigos de infinito
con sueños de tierra
de otra parte?
Todo es silencio por la palabra. Sí, todo en los bullicios invita a los silencios, y sin los silencios no hay castillos en el aire ni ramas para sostener la poesía, ni malestares profundos, ni tampoco gritos contra la ignominia ni, qué va, sonrisas con olor a eternidad. Los silencios son soledad y, en ella, compañía por el diálogo mudo y alado con el ser que estando fuera se manifiesta dentro. He aquí la verdad hecha luz que nos han hecho encontrar y vivir los poetas mayores y que ahora, en la plenitud del canto, se nos manifiesta en la poesía de Luis Fernando Brehm. Si el poeta, como nos enseñó Paz, es el solitario colectivo, emerge del deseo. Brehm canta esa noche de latidos breves. La luz del otro es, también, un reflejo de la mía; la luz del nosotros es una luz que reflejamos, que estaba antes que nosotros, que buscamos porque desde siempre la habíamos encontrado. No en balde, la segunda parte de este libro se llama “Desde dentro”, como un eco de Paz que, empero, brilla con su propia luz, como aquí, en “Mirar”:
Metido en mí
me miro
me admiro
de mirarme
a mí mismo
admiro
la mirada
Vida de luz hecha vida es el deseo que desea ser algo más que cuerpo, mirar lo que aún no se siente… La poesía de Brehm es visual, es musical y es filosófica, en el sentido de que su núcleo íntimo es un enamoramiento del ser, una revelación de esa presencia misteriosa que nos ha dado el don del sentido de la vida.
Saber
Olvidar
Crear
De la nada del ser
adviene el ser
Toda gran poesía es un presente perpetuo. La noche oscura del alma vive agradecida del baño de luz que fue el instante aquel que no morirá jamás, cuando el ser tomó posesión del alma para que su retirada no pudiera ser sino ilusión recreada por la palabra nuevamente, asentada en el silencio con alas de un deseo oceánico.
Con Vida en luz hecha vida, Luis Fernando Brehm ha entrado con luz propia en la primera línea de nuestros grandes poetas.
Luis Fernando Brehm, Vida en luz hecha vida, Guanajuato, La rana/Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, 2009.
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Los temas recurrentes en su obra son las relaciones amorosas, la vida ultraterrena, la relación del hombre con Dios, el vacío existencial, la tensión entre el deseo y la culpa. Ha publicado los libros de ensayo Técnica e identidad, Cultura y comunicación y Los 100 mejores libros del Siglo XX; las novelas Caracoles, Taller de marionetas, El ruedo de incautos, Si llegamos a diciembre, Deseo, Ilusiones tardías, La francesa del Café Tacuba y El poder de la quimera y los libros de teatro Shakespeare y yo, La expiación, Salomé o el amor de Dios (México, Jus, 2004) y Felonía (México, Jus, 2007). |
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Francisco Prieto, escritor y comunicador, nació en 1942 en La Habana, Cuba, pero radica en México desde 1957. Estudió Comunicación, Antropología Social y la maestría en Filosofía en la Universidad Ibero Americana. Actualmente es profesor de Literatura, Historia de la Cultura y Comunicación Interpersonal; director del Departamento de Comunicación de la UIA; así como productor y conductor de programas culturales de radio y televisión.


